Una vida desde El Alto

  Capítulo III, Noviembre 2003

Hola a todos:

Ya vamos por la segunda semana aquí y parece que vamos resistiendo. La primera semana fue, ya lo habréis notado por el tono, una semana de “anodadamiento” o alucinaje. En este tiempo parece que estamos más tranquilos, quizá porque uno se acostumbra a todo y no le sorprende ver las cosas que ve cuando mira por la ventana.

El Alto

No tenemos grandes novedades. Seguimos montando nuestra casa provisional que está relativamente céntrica. No damos la dirección porque aquí no hay servicio de correo (pues sí, aunque estemos aquí metidos casi un millón de personas, no hay un solo cartero...). Tenemos pendiente, cuando obtengamos la residencia permanente, sacarnos una casilla (un apartado de correos) en La Paz para poder recibir correo y mandarlo semanalmente. Tampoco creemos que tarde mucho disponer de línea telefónica en la casa para poder conectar un ordenador y teléfono y no tener que ir a esos ciber tienda que pillan lejos y se cuelgan casi con la mirada...

Aquí, como ya os contábamos en la otra carta, en el mismo día se suceden las cuatro estaciones. Amanece a las seis de la mañana más o menos, y es cuando empieza la vida, y anochece también alrededor de las seis de la tarde.

El mercado callejero de La Ceja

Por la mañana y por la noche hace bastante frío, y al mediodía hace, al sol sobretodo, calor. En este pueblo no existe sistema de calefacción en las casas. Se calientan porque están diseñadas con claraboyas en el techo para que las horas de calor caldeen la casa para el resto del día. En algunas casas, entre las que nos incluimos, se calientan a través de calefactores.

Otra característica de aquí es la sequedad del ambiente. Hemos comprado un humidificador, y estamos pendientes de comprar alguno más.

En el tema de la alimentación encontramos de todo, más o menos. Nosotros todavía comemos a la europea. Hay verduras, papas, arroz, sopas, pasta, y también carnes variadas. Lo que nos está costando más encontrar es pescado (algunos tan contentos). Aquí el pescado que se come es el del lago Titicaca. (Los chilenos tienen la culpa, porque nos quitaron el mar el siglo pasado). El otro día comimos pejerrey y estaba muy bueno. A Lucía y a Ana estas tierras les han abierto el apetito, y da gusto verlas comer.
Los días son muy intensos, y cada semana que pasa parece un mes.

El boliviano se caracteriza por ser extraordinariamente acogedor, es capaz de perder tardes completas contigo para facilitarte cualquier gestión o compra...

Estamos conociendo gente variada que vienen a nuestra casa o nosotros vamos a la suya. Pero no cabe duda que la mejor manera de conocer es meterse en los propios entornos; es montarse en las “movilidades” como llaman aquí a los autobuses, entrar en una casa, cosa verdaderamente difícil debido a la cultura reservada que tiene el aymara, que es el poblador de esta ciudad, o salir a la calle a jugar con los niños. Poco a poco.

El boliviano se caracteriza por ser extraordinariamente acogedor, es capaz de perder tardes completas contigo para facilitarte cualquier gestión o compra... Y a la vez aquí tienen sus costumbres. Quedar para algo a una determinada hora no significa ni mucho menos que se vaya a esa hora, ¡o incluso que se acuda a cualquier hora! Comprar un electrodoméstico no te garantiza que vaya a funcionar. Y si no funciona... ¡mala suerte!

Guarderia de las niñas

Estamos mirando en estos días el tema del colegio de los niños. Ya hemos encontrado una guardería muy linda para Marcos (con pedagogía moderna, como la que aplicaban en el cole de las niñas) que está no muy lejos (aunque aquí las distancias son enormes, por lo que nos tendremos que comprar pronto un auto). Tiene un buen nivel. ¡¡¡Pero que contraste entre nuestros rubitos y los morenazos indígenas que hay por aquí!!! De hecho, cada día que salimos a la calle nos rodea un enjambre de niños y jovencitas para jugar con los niños, acariciarles, tocarles el pelo... La próxima semana empezaremos a mirar colegio para Lucía y Ana, que nos han recomendado que escolaricemos en la capital, La Paz. Así haremos.

Esta tarde hemos estado en una zona más promocionada de la ciudad. Estaban de feria y hemos subido a Lucía y Ana a un tiovivo, ¡de tracción manual! (O sea, un señor que hacía dar vueltas al tiovivo). A las niñas le ha dado lo mismo el tipo de tracción y a nosotros nos ha costado 50 centavos (10 pesetas) el paseo un buen rato. ¡Que diferencia!

tiovivo

Vamos conociendo diferentes realidades sociales de este país y de la ciudad. Centros educativos, hogares de niños, centros de salud, centros de promoción de la mujer gestionados por asociaciones, ONGs, la Iglesia, etc. Incluso ya nos han “tirado los tejos” para incorporarnos a alguna realidad de educación o de salud. Algunas cosas tienen buena pinta, pero es muy pronto y hay que esperar a conocer más. Llama la atención las buenas ideas que tienen por aquí, que son difíciles de sacar adelante por la falta de plata (dinero). Ya contaremos más delante alguno de los proyectos donde nos podemos ir metiendo para que los conozcáis.

Políticamente la cosa está bastante tranquila. Los acontecimientos de las últimas semanas todavía se encuentran presentes en las conversaciones y en los montones de tierra que quedan en las calles que se usaron como barricadas. Lucía y Ana se suben a esos montones y dicen que son las montañas de El Alto...

Bueno, familia. Otro día contamos más, que se nos acaba el rollo y esto de Internet vale plata...

Un besazo grande de Merche, Claudio y los niños

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