![]() Una vida desde El Alto Capítulo VII, Febrero 2004 Hola, a todos: Pasadas las navidades y terminando las vacaciones, que acá son diciembre y enero, o sea verano, retomamos nuestras cartas-crónicas, aunque, como es natural, lo hagamos a partir de ahora con menos frecuencia ya que las novedades no se agolpan tanto como antes. Lo primero es contaros que ya somos unos bolivianos que nos manejamos “perfectamente” entre este maremagnum de El Alto. Ya tenemos nuestra casa perfectamente montada (sencilla para los cánones europeos, todo un lujazo para lo que por acá se ve) y empezamos a mentalizarnos para la vorágine que empieza a partir de febrero con todos los compromisos que vamos asumiendo. Desde lo estrictamente laboral (hay que ganarse las lentejas, o el chuño como diríamos acá) hasta aquellas tareas voluntarias que dan sentido a nuestra estancia en esta tierra. ![]() Este tiempo ha sido especialmente grato (líndísimo en boliviano) por el contacto con la gente sencilla, la que nos rodea, la que está cerca de nosotros. Los jóvenes de la calle en el campo de trabajo/descanso en el que hemos participado nos han permitido entrar un poquito más dentro, allá donde están los gozos y las sombras de los jóvenes de El Alto. Las colonias para niños de la calle nos han permitido vislumbrar la dureza de la vida más allá de los muros de adobe que separan, esconden, aíslan. Pero ahora nos preguntamos: ¿qué hacemos nosotros acá? ¿Para qué hemos cruzado el charco? ¿Es lo nuestro un tema de “hacer”? Pasados tres meses de estancia en estas tierras vamos descubriendo que no hemos venido a hacer. ¡Son tantas las pobrezas que se ven y otras tantas que dignamente se encubren! ¡Son tantas las necesidades básicas que nos solicitan allá donde asomamos nuestra “gringa cara”! ¡Agua, desagües, electricidad, caminos, escuelas, centros de salud! La sensación es realmente agobiante, os lo podéis imaginar. Es realmente injusto que exista tal distribución de riqueza/pobreza, más en un país inmensamente rico en recursos naturales como éste! Se te cae el alma a los pies cuando te acercas a algunos de los sectores más pobres en los que nos movemos, pero no podemos hacer nada, solamente ayudar a poner pequeños parches. Vamos descubriendo que lo nuestro no es hacer, no; aunque tengamos que gastar las fuerzas en hacer por este pueblo, lo nuestro no es eso. No se trata de preguntarnos ¿Qué hacemos? Acá, en especial acá, la pregunta es: ¿qué anunciamos? Con nuestros quehaceres, nuestros empeños y nuestras opciones, ¿Qué transmitimos? Se te cae el alma a los pies cuando te acercas a algunos de los sectores más pobres en los que nos movemos, pero no podemos hacer nada, solamente ayudar a poner pequeños parches. Detrás de cada uno de nuestros pasos hay mucho que anunciamos, bueno y malo. Las prisas, las impaciencias y las “eficiencias” son actitudes peligrosas que no hacen ningún bien a nuestro pueblo aymará. Vamos dándonos cuenta que la gente más cercana nos va agradeciendo lo que acompañamos, los valores que transmitimos, el tiempo que perdemos y le importa bastante poco lo que hacemos. Detrás de cada uno de nuestros proyectos se esconde una promesa. Todo lo que queremos hacer y vivir acá se hace al hilo de esa promesa, ese mostrar medio a oscuras lo que no está al alcance de la mano, pero por lo que queremos vivir y morir. Aquello por lo que alguna vez luchamos, aquello con lo que soñamos ¿recordáis? El Alto está lleno de promesas, está lleno de gestos y luchas cotidianas que nos llevan más allá, que sacan a los hombres y mujeres de esta tierra de su duro ahora a otro futuro posible. Tenemos tanto que aprender... Tenemos tantas promesas que recordar y recuperar, tenemos tanto que mirar y contemplar de este pueblo y después, cuando hallamos aprendido, tanto que hacer... Sólo así podremos tener esperanza de que aquello por lo que luchamos, aquello por lo que dejamos nuestra tierra y nuestra gente, adquirirá sentido nuevo. ¡A todos los amigos con los que hemos luchado en estos años: aquello con lo que soñamos es posible! ¡Qué filosóficos estamos! ¡Con todo lo que hay por hacer! Pues por eso mismo, porque hay mucho que hacer, parémonos y pensemos para no dejarnos aturdir. Y después, manos a la obra. ![]() Bueno, gentita querida. Además de todas estas reflexiones, vamos avanzando en nuestra presencia. Senkata va siendo un barrio cada vez más cercano a nosotros (y más grande). Ya estamos dibujando los planos de nuestro futuro centro polivante con biblioteca, salas de reuniones, comedor... ¡a ver de donde sacamos la plata! En el centro de salud continuamos con el proceso de definición y reflexión para ver como queremos trabajar. Probablemente empecemos con una pequeña parte y dejemos el área materno infantil (hospitalización, área quirúrgica) para más adelante. Otra vez la falta de plata. Las clases que vamos a dar empiezan ya estos días, y ¡los niños están en el colegio! ¡Aleluya, por fin! Después de casi seis meses de niños en casa hubiera pagado una fortuna porque se los hubieran llevado ¡quien fuera! Veremos a ver como se adaptan, pero el cole-guardería es una gozada en los planteamientos, aunque por supuesto en el tema de medios es muy sencillo. Bueno, un abrazo muy fuerte a todos. Os tenemos muy presentes desde acá. Claudio, Merche, Lucía, Ana y Marcos |