Una vida desde El Alto

  Capítulo VIII, Abril 2004

Queridos amigos:

Ya han pasado unos cuantos meses desde la última carta “circular” contando experiencias y vivencias de esta Bolivia que se va haciendo cada vez más querida...

La verdad es que voy descubriendo cada vez como mayor verdad que “el sólo hacer” desafina las miradas, aunque no por ello haya que dejar de hacer.

Y es que los días se van llenando diariamente de actividades, de quehaceres... ¡de tantas cosas! La verdad es que voy descubriendo cada vez como mayor verdad que “el sólo hacer” desafina las miradas, aunque no por ello haya que dejar de hacer. Pero es cierto que ahora que estamos más ocupados -muy ocupados- se pierde un poquito de percepción global de las cosas a fuerza de focalizar la mirada (los problemas, ya se sabe) y a fuerza de no tener tanto tiempo para reflexionar y digerir lo que está viviendo...
Estamos cada uno de nosotros ya metidos en intentar resolver los retos diarios y a veces pasan a nuestro lado tantos acontecimientos que no llegamos a vislumbrar...

Lo primero que os podemos contar es que ya nos manejamos bastante bien en los polvorientos caminos de El Alto: minibuses, micros antidiluvianos con sus voceadores... son compañeros cotidianos que han perdido ese aspecto pintoresco para transformarse en simplemente en medios de transporte. ¡Lo que nos parecería pintoresco ahora serían los autobuses urbanos españoles que van por calles siempre asfaltadas!

Mis sobrinas: Lucía y Ana

Por cierto, el domingo pasado bajamos a un parque muy lindo de la Paz, y Ana (3 años y medio), cuando entramos en el parque empezó a decir que si estabamos en Valladolid. Merche dijo: no, hija, ¿por que lo dices?, y Ana contesto: “Es que el suelo de este parque es como el de Valladolid”... y es que claro, en el parque estaban todos los paseos empedrados o con hierba y acá en El Alto...

Cada día se encuentra lleno de actividades y rostros: Merche con sus jóvenes, con sus problemas, sus carencias, su sin futuro... En un trabajo que encargó a sus muchachos sobre la juventud de El Alto, uno de las chicas decía que la mayoría de las personas de El Alto son ¡clase media! ¡Qué relativas son las percepciones! ¡Si supierais lo que se llama acá clase media...! Lo que os puedo asegurar es que en España llamaríamos a esta “clase media” pobres de solemnidad. Son los que comen todos los días a costa de trabajar todos los familiares (por supuesto, no creáis que carne), los que a veces se pueden permitir un pequeñito desahogo, los que permiten que sus hijos estudien algunos estudios básicos... Los de “clase baja” son los que literalmente se mueren de hambre, los que vemos con sus niños desnutridos (marasmos y kwashiorkor -nota para los médicos-), los que no tienen ropa para ponerse (ver niños descalzos y medio desnudos a más de 4.000 metros de altura impresiona de verdad...), los que se nos mueren de diarreas y neumonías que fácilmente curaríamos en España.... A los que no les pasa estas desgracias son “clase media”, aunque se les haya quitado de todo, hasta el futuro... al menos comen todos los días.

Acá, los de “clase baja” son los que literalmente se mueren de hambre, los que vemos con sus niños desnutridos, los que no tienen ropa para ponerse, los que se nos mueren de diarreas y neumonías que fácilmente curaríamos en España

Con estos chavales llenos de desgracias (pero que comen) cada día se encuentra Merche. Maltratos, complejos, falta de educación, machismos, alcoholismo... En el tú a tú, en los momentos de confianza o de crisis, surgen todas estas pobrezas escondidas ante las que no puedes decir grandes discursos, que ya no valen, sino simplemente alargar la mano y ser un poco mamá y papá...

Es curioso como uno va cambiando la percepción a lo largo del tiempo... En un principio impresionan los contextos: la falta de cosas, la suciedad, lo “cutre” que es todo, la ausencia de sitios de esparcimiento o de diversión, la constatación de la “estrecheces” con las que vive la gente.
Pasado un tiempo uno se acostumbra a vivir en un contexto así y no le sorprende ya la suciedad, ni el polvo de las calles, ni la sensación de inacabado de las cosas, o lo sencillo de las tiendas y espacios públicos. Uno ha hecho una primera adaptación.
Pero en ese momento empieza a irrumpir la verdadera pobereza de este rico país: las personas con sus dolencias, sus sufrimientos, sus carencias afectivas -mucho más importantes que las carencias materiales- y sobre todo su sin-futuro en un país que como no cambien mucho las cosas, solo tiene futuro quien se los garantiza sus papás en forma de dólares (muchas veces robados a los pobres).

Una tienda en El Alto Porque acá eso de que son los más ricos los que roban a los más pobres es una verdad dolorosamente clara y evidente cada día. Lo más triste es que cuando los pobres consiguen, por las circunstancias que sean, saltar a una situación un poco más favorable, se reproducen los esquemas y empieza de nuevo el robo a los de más abajo, expresado de formas muy variadas: el engaño, el soborno, la corrupción, el mal hacer...

Los mecanismos corruptos “macro” de los políticos y de los grandes “empresarios” se reproducen entre los que menos tienen ¿o es al revés? de forma que se genera una sociedad en la que la confianza en el otro es nula, ya sea cercano o lejano.

El político tradicional honesto es una especie a extinguir y ante éste sólo se tiene una actitud de confrontación (sindicatos, etc.) independientemente de lo que haga o diga que va a hacer.

Acá, eso de que los más ricos son los que roban a los más pobres es una verdad dolorosamente clara y evidente cada día

Por otro lado, el movimiento político-social (la izquierda, para que nos entendamos) tiende a ser totalmente particularista en sus opciones y en su mirada, desde la exclusiva confrontación con unas visiones que para nosotros, los europeos, están un “pelín” trasnochadas (se suelen definir como maoistas, trotskistas...), pero sobre todo se va descubriendo que los pobres, los de verdad, los que no están sindicados porque no tienen trabajo ni posibilidades, esos pobres les importan un rábano. ¡Otra vez “ricos” que roban a pobres!

La zona rica de La Paz

Y el tercer actor de este drama, que a veces parece tragicomedia por lo esperpéntico: los ricos de verdad, la oligarquía, los que viven a media hora del pozo de El Alto en el sur de La Paz. Esos miran hacia otro lado mientras tengan sus peones bien colocados, que los tienen, asegurados los estudios en universidades privadas con posgrado en USA incluido y los viajes a Miami de vacaciones. ¡Nunca en mi vida había encontrado dos mundos tan cercanos y tan lejanos! ¡Nunca había encontrado vecinos que se dieran la espalda (por no decir otra parte anatómica) de tal manera!

Bueno, nos dejaremos de análisis y volveremos a nuestras cholitas, a nuestros aymaras cercanos con los que nos cruzamos cada día, esos pobres en los que su pobreza es su drama y a la vez su posibilidad. Un pueblo que, a fuerza de machacado, ha aprendido a unirse y a reivindicar, a denunciar las causas y las consecuencias de su pobreza, a amar a su tierra de una manera que se nos hace extraña por lo intenso e irracional. Un pueblo que tiene todo eso, pero que tiene que aprender a resolver sus diferencias de formas menos violentas, que tiene que aprender a dar a la mujer el papel protagonista que realmente, a escondidas, está ejerciendo. Un pueblo que, a la vez que cuida y valora su historia y sus costumbres, tiene que abrirse a lo bueno que también viene de fuera, sin caer en indigenismos extremos que pueden llegar a ser racistas... Lo bueno y lo malo junto, como en todas las culturas, de los que hay tanto que aprender... y tanto que compartir...

centro salud

El Centro de Salud se puede considerar abierto. Esta semana iniciamos actividades asistenciales en algunos de los colectivos a los que vamos a atender. Niños menores de 5 años (de escuelas infantiles con los que vamos a trabajar cerca) y niños de la calle o en situación de riesgo. A la vez iniciamos actividades de promoción de la salud y educación y continuamos con el diagnóstico de salud comunitario y participativo. Todavía no tenemos licencias oficiales pero ya nos hemos hartado de esperar. Cuando tengamos todos los papeles en regla iniciaremos la consulta a demanda clásica.

Hemos incorporado a nuestros servicios los seguros públicos oficiales (que acá sólo cubren a gestante y menores de 5 años) y los programas gratuitos del estado (tuberculosis, vacunaciones, etc) con el fin de poder acercar a los más pobres los servicios.

El problema que se plantea es que el estado apoya haciendo gratuito los medicamentos, insumos y pruebas complementarias, pero no paga personal para estos programas, por lo que las ONGs debemos buscarnos la vida para poder financiar los programas.

En este campo de salud llama la atención lo mercantilizado que está todo. Como el estado no paga, todos los centros tienen (tenemos) que cobrar por los servicios prestados. Algunos, públicos (que realmente tienen que mejorar mucho en calidad), tiene financiación de personal estatal por lo que “sólo” deben pagar lo demás. Y esto se obtiene del cobro (barato) por los servicios médicos a todos los ciudadanos excepto niños y gestantes. O sea, que acá la sanidad no es gratis ni en lo público ni en lo privado.

Nos damos cuenta de lo privilegiados que son nuestros hijos por poder vivir una experiencia humana y solidaria como la que están viviendo acá.
En el otro extremo está la sanidad privada, sólo para los ricos por los precios prohibitivos. En el medio están las ONGs y dispositivos de la Iglesia que incorporan a veces algunos seguros públicos y obtienen la financiación extra necesaria del cobro “sensato” por servicios (como en los públicos) y lo que se obtiene de financiación externa por cooperación internacional.
El problema es que con esto no suele llegar la plata, por lo que se tiende a incorporar servicios complementarios en los centros de salud con una intención fundamentalmente financiadora. Es decir, para los que no son del gremio, si yo meto en mi centro Rayos X y ecografía puedo “captar” una clientela que me deje beneficios económicos por estas pruebas, que son caras (y dan beneficios), lo que me permitirá un superavit con el que poder financiar la atención a los más pobres que, por opción, he dedidido que sea gratuita o semigratuita, o la actividad de promoción de salud que nunca deja ningún tipo de beneficio financiero.
O sea, que estamos introduciendo un “impuesto revolucionario” en los más ricos en beneficio de los más pobres. Esto que, en principio no está mal del todo, tiene problemas muy gordos: es dejar un sistema de salud, en el fondo, a merced de las fuerzas del mercado. Si yo entro en esta dinámica (en la que entra acá todo el mundo, los primeros de todos los servicios supuestamente públicos), estamos creando un mercado totalmente desregularizado en donde yo, con una intención financiadora, voy a ir creando más y más servicios especializados que entran en una competición puramente mercantil con los de al lado, sin tener en cuenta las necesidades reales de las personas a las que supuestamente vamos a atender.
Y así se genera una inflacción de servicios, y sobre todo de servicios especializados (o sea, caros y no tan necesarios como los básicos) que, al fin, lo que hacen es encarecer de una forma totalmente irracional un sistema de salud (que está realmente en la bancarrota) y enriquecer a los intermediarios proveedores de la tecnología y servicios espcializados (médicos especialistas privados y empresas proveedoras de tecnología médica).

Mercado de La Ceja

Y así vamos. Los que sois “defensores” de la economía de mercado, podéis decir que al fin y al cabo, la demanda va a regular la oferta de manera que aquellos servicios no competitivos en calidad o precio van a tener que retirarse dejando paso a los más competitivos. Sin embargo, en un sector como este las cosas funcionan al revés: sabemos que la oferta genera demanda y que al fin y al cabo, desde estas claves lo único que vamos a conseguir, a medio/largo plazo, es generar un sistema de salud que pone los acentos en unas tecnologías y formas de hacer totalmente ineficaces en términos de mejora de la salud en un contexto como el nuestro, en donde las actividades que realmente han demostrado eficacia real en mejorar la salud colectiva (promoción de la salud) van a ir desapareciendo por que, en términos financieros, son totalmente deficitarias.
Y así, lo que con buena intención queríamos hacer, y hacer bien, se transforma en un daño importante para el sistema de salud y para la gente con la que queremos trabajar.

Mil perdones por este rollo que a algunos les sonará a chino y a otros les sonará a conocido. Pero es que estos temas, que se traducen diariamente en decisiones que hay que tomar, son los que en este momento me traen de cabeza. Tenemos que ser muy conscientes los que nos hemos acercado a esta parte del planeta de que muchas decisiones bienintencionadas han generado más mal que bien, y a los que nos toca trabajar en temas sensibles como la salud, no olvidar nunca que la orientación de los recursos que desarrollamos con dinero de todos, en países donde la planificación sanitaria y la regulación no existe -sobre todo por falta de platita- van a definir realmente las orientaciones del sistema de salud, los acentos de éste, mucho más que las disposiciones ministeriales que se quedan en documentos vacíos por falta de financiación.
Dicho de otra manera: si nosotros tenemos la plata (o la tendremos, por ser los gestores de la cooperación exterior) el dónde gastemos el dinero va a definir como va a ser -de una forma real- el sistema de salud, con las graves consecuencias que tendrá en la salud de todos. Y por desgracia, vamos viendo que esto es la selva donde cada uno intenta salvar su "obra" -con todas las buenas intenciones- sin tener en cuenta ni lo que hace el de al lado (que es mi competencia) ni, en el fondo, lo que necesitan nuestros usuarios, porque funciono según lo que YO necesito para continuar mis obras;
Conclusión: un país tan pobre como este, el más pobre de Suramerica, tiene una medicina tan mercantilizada que asusta y ante la que hay que tener la cabeza fría y las ideas claras para no meter la pata... FIN de este rollo.

Lisset

Luego está la gente que pasa por las consultas: niños, muchos niños con sus desnutriciones severas, sus sarnas, sus neumonías, sus deshidrataciones (también vemos los catarros clásicos, no os creáis). Lo que no vemos son obesidades ni depresiones ni cosas de estas.
Las mamás que cuando tienen un poco de confianza te cuentan los malos tratos (realmente generalizados acá, lo normal, sí, lo normal, es pegar a la mujer), las dificultades para sacar adelante a la familia (de nuevo la mujer la héroe de cada una de estas historias), el reconocimiento de que no se dio tal medicina al niño porque no había platita, los niños llenos de hematomas por las palizas recibidas... Todos esos dramas que se esconden detrás de las “simplonas consultas” de dolor de garganta.
Esa es la gente que, cuando por la noche nos juntamos a cenar todos, dan sentido a nuestra estancia acá, van transformando nuestras pretensiones de “arreglar” este país y van haciendo que nuestro objetivo ya no vaya siendo tanto hacer ¡con todo lo que hay que hacer!, sino visitar a Doña Luisa, que se le ha ido el marido, hablar con Felipe a la que ha dejado la novia y además perdió el trabajo, recordar preguntar por Luis, que pasó la noche en la calle porque el papá estaba borracho... Las pretensiones se transformaron en rostros y los rostros en deseos de acompañar... sin más pretensiones.

Ya sabéis, que a parte de nuestos respectivos proyectos “personales” estamos en el barrio de Senkata haciendo, toda la comunidad, un trabajo variado.
Para los que estáis en rollos de Iglesia, os decimos que es un trabajo pastoral que está resultando lindísimo. Para los que no estáis en estos rollos, os decimos que se trata de un trabajo de animación comunitaria (o desarrollo comunitario) partiendo de las estructuras parroquiales (o sea, de las capillas y comunidades que en cada una de allas trabaja), que existen en esa zona.
senkata
Senkata es enorme, aunque no hay censo debe haber por allí 50 ó 60 ó 70.000 personas (ni idea). Todo casitas bajas de adobe (ya os conté en otra ocasión como es Senkata, verdad?) y extremadamente pobre, lo más pobre de El Alto.
Allá, junto con una comunidad de monjitas muy majas, brasileñas y bolivianas, tres matrimonios yankees con niños de las edades de los nuestros y nosotros (que ya sabéis que somos seis más los niños), y junto a aquellos jóvenes del propio barrio que ya están trabajando allí, vamos a irnos a vivir y a desarrollar nuestro proyecto global.

Realmente es bonito este trabajo (que no es trabajo), es estar con la gente, participar en sus demandas (de luz eléctrica -no es penséis que llega allí-, agua, alcantarillado, colegios...) animando pero sin ninguna intención “ejecutiva”. Es participar de sus celebraciones (¡todo el día de fiesta estos aymaras!) y también de sus problemas y retos, como vecinos que somos de ellos. Es participar en la Junta Vecinal, en la misa de los domingos (ayer 50 niños, 10 jóvenes, 8 adultos mayores, 2 perros y una oveja), es ser receptivo a las necesidades y pensar el granito de arena que podemos poner en la comunidad (ya sabéis en esta línea que hemos empezado con el voluntariado de jóvenes en el barrio y que estamos en el diseño y búsqueda de plata de la biblioteca infantil ¡qué falta hace! y del comedor infantil para niños del barrio que se quedan todo el día solos (los papas tienen que salir a trabajar).
Las calles de Senkata (si se les puede llamar así) ya empiezan a ser conocidas -ya no nos perdemos, o mejor dicho, nos perdemos menos-, vamos conociéndonos por nuestro nombre, vamos haciéndonos conocidos entre la gente de allá.
Linda de verdad la oportunidad que se nos ha posibilitado de compartir con la gente la vida, más allá de lo que podamos hacer. Y linda la oportunidad de hacerlo junto a otros.

merienda

Por cierto, el otro día merendamos juntos las monjitas brasileiras de las que os hablé y los matrimonios yankees y llevamos cada uno unas viandas de la tierra para compartir. Nosotros llevamos jamón serrano y chorizo que nos habían mandado la familia y gustó mucho. Eso sí, los yankees se tomaron el jamón serrano ¡con mostaza y orégano! ¡Estan locos estos del imperio! Por otro lado, dejando aparte lo de la mostaza, son gente encantadora de la que estamos aprendiendo día a día.

Y hablando de días, estos son nuestros días, nuestras preocupaciones y nuestros retos. Queremos expresamente deciros la bendición que es poder compartir con nuestros hijos todas estas historias. Pasado ya este último mes que ha sido complicado en cuanto adaptación física (diarreas, catarros) nos damos cuenta de lo privilegiados que son por poder vivir una experiencia humana y solidaria como la que están viviendo. Es verdad que acá no tienen las cosas que podían tener en España, pero estamos seguros que están recibiendo otras muchas cosas que les van a enriquecer de verdad. Compartir juegos y cole con niños en circunstancias distintas (y difíciles), experimentar otras culturas, otras comidas, otros juegos, otras expresiones, otras situaciones más complejas, son riquezas que estamos seguros quedarán ahí, para hacer de ellos en un futuro personas más comprensivas, más tolerantes, más solidarios, que es ese, y no otro, el futuro que soñamos para ellos.

Ojalá que cuando digamos solidaridad sea una palabra real que se traduzca en gestos reales y concretos en cada una de nuestras vidas.

En la distancia se valora más aquello que se ha dejado: la familia, los amigos, nuestras comunidades, nuestros trabajos. Y se añora más cuando hay circunstancias difíciles en las que no se puede estar como se quisiera, aunque es verdad que, de alguna manera, siempre se está allá. Pero la añoranza de lo dejado no es un sentimiento negativo ni especialmente triste.
Las historias vividas antes, junto con los retos presentes, permiten ese proceso de síntesis personal en el que se van dando respuestas, poquito a poco, a las preguntas fundamentales: ¿qué quiero, con quién lo quiero y para quién quiero todo?

La meseta castellana nos ayuda a entender el altiplano andino, y las cumbres que vemos desde la ventana nos ayudan a dar sentido a lo vivido antes junto a vosotros. El dejar atrás tantas cosas, personas y proyectos queridos ha sido la condición que ha permitido en libertad abrirnos a nuevas personas y proyectos, y recibir en nuestra mochila tantas experiencias que nos ayudan a construirnos como personas, a nosotros y nuestros hijos, y a transmitir a este bendito pueblo lo que vamos aprendiendo.

Mientros escribo esta carta estoy oyendo en el casette a Victor Jara:

Yo pregunto a los presentes
si no se han puesto a pensar
que esta tierra es de nosotros
y no del que tenga más.

Yo pregunto, si en la tierra nunca habrá pensado usted
que si las manos son nuestras es nuestro lo que nos den.

Esto es lo que está diciendo la canción “A desalambrar” ¿la recordáis? Estas son las preguntas que me hago y os transmito contemplando la miseria en la que vive este pueblo propietario de un riquísimo país.
Y con la pregunta un ruego; a los que sóis creyentes pedid, y si queréis, exigid al buen Dios que esta locura de hambre y violencia acabe y especialmente acabe en los mundos de los empobrecidos y oprimidos. Y a todos los de buena voluntad (que somos todos), que arremanguemos el hombro para hacer posible la utopía de que no exista mañana tercer mundo, ni cuarto, ni primero, que no comamos algunos a costa del ayuno de muchos, que cuando digamos solidaridad sea una palabra real que se traduce en gestos reales y concretos en cada una de nuestras vidas.

Un abrazo gordo desde el altiplano boliviano de Merche y Claudio (y por delegación, de los niños)

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