![]() Una vida desde El Alto Capítulo IX, Julio 2004 Hola a tod@s: Una nueva cartita de estos bolivianos “estresaos”, que ya no tienen tiempo de escribir. Así que haremos un esfuercito para contaros como nos han ido las cosas en estos mesecitos... Ya os podéis imaginar que estamos adaptados a esta tierra bella y dura a la vez... La verdad es que si no hubiéramos vivido este proceso natural de adaptación, tanto nosotros como los niños, ya estaríamos en casa... Gracias a Dios, las cosas han ido ocurriendo de forma sencilla y aquí estamos, sin grandes pretensiones, pero acompasados al ritmo “tranquilo” de este pueblo. ![]() Ahora estamos en pleno invierno. Estamos siguiendo más o menos las noticias de que en España están ustedes en una ola de calor impresionante. Acá hace frío pero no tanto como nos habían hecho creer. La verdad es que las temperaturas no son muy diferentes de las que nos encontramos en Valladolid. Incluso, la mayoría de los días están soleados (como se solean estas alturas) y eso hace que las horas medias del día sean incluso agradables y se pueda estar en la calle sin problemas. Lo que si es cierto es que se nota que las casas no están acondicionadas. Acá nadie tiene calefacción y nuestra casa, además, es realmente unos antiguos locales parroquiales, lo que hace que las estancias sean bien grandes y bien difíciles de calentar. En el interior de las casas sí se nota la diferencia, pero eso se arregla con unas cuantas mantas por la noche en la cama (ahora dormimos con 4-5 mantas dependiendo de la resistencia al frío de cada uno), con las clásicas bolsitas de agua caliente, un jersey sobre el pijama y con unas estufitas de gas que hemos comprado que nos vienen muy bien para calentar la habitación donde estamos durante el día. Así que la cosa no está siendo tan mala como pensábamos, por lo menos para los duros y aguerridos castellanos porque acá hay un canario que lo está pasando peor... El otro día estuvimos en una zona que se llama “los yungas” en una reunión sanitaria de la esta zona. Es una zona preciosa (no voy a estar contando siempre desgracias...) que es la zona de conexión entre los Andes y la Amazonía. Justo detrás de las montañas que se ven desde muestra casa esta una “caída en vertical” que conecta con la Selva Amazónica. ¿Tienen ustedes envidia? Pues no hay más que coger un avión y acercarse para acá. No todo han sido vacaciones, claro. Ahora mismito nos encontramos viviendo lo que hemos llamado la misión en Senkata. Nos hemos dado cuenta en estos meses que Senkata (para los que no se acuerden es “nuestra zona”), a pesar de encontrarse en la ciudad (no os penséis que ciudad es lo mismo acá que en Europa) tiene las características de abandono y culturales de las comunidades del campo. En el campo se viven en pequeñas comunidades que se autogestionan, donde la solidaridad entre los vecinos (comunarios se llaman acá) es bien grande para poder vencer las duras condiciones en que se vive (Pachamama obliga), pero sin apenas relación con comunidades vecinas; de hecho, las relaciones entre unas y otras comunidades pueden ser bastante inamistosas... En la cultura aymara, el valor de la persona no depende de cuanto tiene, sino de cuanto da, de cuanto ofrece. Cuando el comunario emigra a la ciudad, lo hace a los barrios más extremos. En nuestro caso, lo hacen a un barrio extremo de una ciudad que es toda de comunarios más o menos adaptados. Pero su adaptación no es fácil por la desconfianza que genera estas enormes ciudades recién haciéndose y sin servicios y sobre todo por el miedo que generan las distancias y las prisas y agobios de una gran ciudad inhóspita como esta. El hombre, la mujer de campo están acostumbrados a las distancias cortas, a las tradiciones de siglos, a vivir ciclos que se repiten desde tiempos que ya ni se recuerdan. Y todo se rompe acá. Piensen ustedes en la experiencia en España del emigrante del campo a los barrios periféricos de la ciudad y puede ser algo parecido pero más exagerado, porque acá hay una emigración física, pero sobre todo cultural y emocional y todo ello en un contexto de miseria que empeora todo. La cosmovisión aymara basada en la reciprocidad que la llaman el ayne (reciprocidad = la petición de ayuda presente será correspondida en el futuro), es decir en que el valor de la persona no depende de cuanto tiene, sino de cuanto da (¡que bonito es esto y que real lo vemos en ciertas actitudes y costumbres de este pueblo!), basada en el amor a la tierra-pachamama como un ente vivo con el que yo me relaciono y con el que convivo. ¿Saben ustedes que acá, cuando se construye una casa y por lo tanto hay que hacer cimientos, lo primero es hacer una oración de desagravio por el yatiri (chaman, hechicero) y si puede ser por el cura, a la pachamama por la herida (el agujero de los cimientos) que se le va a infringir? ¿Y que si no se hace tal oración esa casa ya no es bendita, puede ocurrir cualquier desgracia? Una cultura bien distinta a la nuestra, basada también en una conciencia cíclica, tan distinta a la nuestra que es lineal. ![]() Miren: para nosotros la vida, la historia progresa hacia la mejora (aunque a veces dudemos de ese progreso, la verdad) de una forma lineal, hacia delante: mañana será mejor, tendremos más, avanzaremos. Para el aymara lo importante no es el avance sino el eterno retorno de forma cíclica. Lo fundamental es que yo reproduzca en mi vida aquello que hicieron y vivieron mis padres y mis abuelos. La clave no es “progresar” sino volver a lo vivido, de la misma manera que la madre tierra vuelve una y otra vez a vivir lo mismo. Es esta una concepción de todas aquellas culturas que están íntimamente apegadas a la tierra, que forman parte de esa tierra (como los aymarás) y que, en el fondo, no aspiran más que a vivir los inviernos y veranos que correspondan hasta volver a ser de nuevo tierra viva para otros, pachamama. ¿Se imaginan ustedes el choque de esta concepción con la nuestra que lo que quiere es avanzar, transformar, mirar adelante, progresar? La clave de la cultura aymara no es “progresar”, sino volver a lo vivido, de la misma manera que la madre tierra vuelve una y otra vez a vivir lo mismo. Esta es la cultura del pueblo de Senkata, que sufre enormemente porque no entiende, como no entendemos nosotros. Y esta es la cultura que sustenta las bellas tradiciones de este pueblo, así como sus valores y, es verdad, también ciertos antivalores, que estamos empeñados a entender para poder ayudar a cambiar. Y es en este contexto donde hemos decidido montar lo que llamamos misión, que es ir casa por casa, puerta por puerta a ofrecer espacios de relación a niños (acá, levantas una piedra del suelo y te salen tres niños), jóvenes y mayores. Durante tres años en esta epoca de invierno vamos a convocar a todos los vecinos a actividades culturales, a juegos, a deportes, a fiestas, a meriendas, a reuniones... y que sea lo que Dios quiera. El otro día fui a dar una charla de salud a mamás y me vino una en todo el barrio. La verdad es que no me puedo quejar porque al día siguiente, a Miguel Angel no le fue ninguna... ![]() La misión es insertarse a fondo en las vidas de esta gente, pasar a su casa casi sin avisar y sin pedir permiso, entrar bien dentro a lo positivo y a lo negativo de esta buena gente. Es una invitación a tener paciencia (paciemciampi, o en el más puro aymara: “llampu chasima”) cuando la gente se retrasa 2 horas (hora boliviana) o no responde como pensamos, cosa que suele ocurrir. No sé si se ofrecerá algún servicio “útil” pero lo que está claro es que está sirviéndonos para saber que suelo estamos pisando y donde están las arenas movedizas... este domingo acabaremos y nos iremos a comer a la ciudad (La Paz) todos juntitos a un buen restaurante, porque tiene que haber tiempo para todo. Por cierto, quien nos va a invitar a comer por ahí es mi hermanito pequeño que se acaba de casar y se ha venido de “luna de miel” por estas tierras. La verdad es que está siendo un viaje de novios un poco rarito (no es esto Cancún ni mucho menos) pero creo que tanto para él como para Pía (su mujer) puede ser esta una experiencia muy rica, distinta, de conocer un mundo diferente que a todos nos aporta. Aprovecho este spot publicitario para insistir que acá hay sitio para muchos y que si alguno se anima una venir una temporadita para colaborar o simplemente para ver, oir y callar será muy bien recibido. Nosotros nos comprometemos a buscarle acomodo y tarea... Las cosas políticamente están más tranquilitas. Ya hace un tiempito que no tenemos bloqueos en las calles (hace 10 días acabó el del lago Titikaka y ya no ha habido más) ni huelgas salvajes ni movidas especiales. En la espera del referéndum que habrá el 18 de julio ¡que fecha! en el que se tienen que pronunciar sobre unas cuestiones referentes a la política de hidrocarburos, que en este país es fundamental. Y luego se iniciará un proceso de reforma constitucional que tiene a todo el país en vilo. ![]() Nosotros por nuestra parte continuamos con nuestros proyectos comunes y aquellos otros que estamos haciendo en colaboración con otros. En estas fechas que Mariano está por España vamos a ver si conseguimos pegarle un empujón al proyecto de Comedor/biblioteca de la zona “27 de mayo” de Senkata. Ya tenemos los proyectos afinados (de los locales), ya llevamos unos meses trabajando con los jóvenes y los niños en aulas de los colegios y capillas y vamos conociendo poco a poco... ya vamos viendo cuales pueden ser las necesidades más urgentes (y la misión actual nos dará nuevas pistas). “Sólo” nos queda (y el sólo está entre comillas) conseguir la plata e irnos a vivir para allá cuando tengamos la casa, pues nuestro estilo es vivir donde trabajamos. ¡Todo llegará! El Centro de Salud inició sus actividades como ya os conté. Aprendiendo de esta gente, estoy estudiando mucho (se nota que he estado años trabajando en un tema muy específico y que se olvidan todas las cosas). Pero acá se lleva especialmente mal el que los pobres, incluso en un país de pobres no tienen derecho a nada, simplemente porque no tienen plata. Se salvan los pocos que estan asegurados (niños menores de 5 años), pero los demás o se arruinan o se mueren... Se hace duro, de verdad, a uno acostumbrado a un estado del bienestar, ver como la gente deja de acudir al médico, o no acude al hospital simplemente porque no puede pagar. Y simplemente se mueren. Así que acá me ven manejando ambulatoriamente desnutriciones “del copón” (o sea, de grado III) o edemas agudos de pulmón, etc. ![]() Por cierto, el otro día atendí mi primer parto en una casa; menos mal que acá las señoras lo hacen todo, porque como esperen que yo les ayude, que no tengo ni idea... Acá se pare en cuclillas y lo único que hay que hacer es tener cuidado que no se “descalabre” el niño al salir, pero las madres tienen un arte para parir que no veas... Era muy gracioso estar presente en este parto: la tele puesta mientras la señora paría, los niños entrando y saliendo de la habitación, el perro de la casa también. Vamos, igualito que en España... Aparte de estas cosas estoy bien contento. La promoción de la salud me encanta; ya tenemos en marcha un grupo de mujeres promotoras de salud que se están empezando a formar para luego trabajar ellas en la comunidad. La semana que viene empezamos la formación de un grupo de mujeres promotoras para los cursillos prenatales (de preparación al parto); va a ser curioso, porque estos cursillos van a darlos tres mujeres: una sanitaria, una mujer de cultura occidental-científica (Merche se ha apuntado y será una de las promotoras) y otra mujer de cultura aymara-mágica. A ver si somos capaces de integrar las diferentes visiones que conviven en este país... Y después empezaremos con otro grupo que va a trabajar la planificación familiar, este último de hombres (todos –mejor, todas– nos dicen que los que no saben nada de planificación familiar –o no quieren saber- son los hombres, por lo que vamos a empezar a formar algunos para ver que se puede hacer en este tema). Y luego pues lo de siempre: trabajo en colegios con los niños, con los padres, apoyando a programas de desnutrición, etc. ![]() Merche bien contenta trabajando en el otro campo que tiene que ayudar a sacar a este país del subdesarrollo. La verdad es que está entusiasmada, pero en esta carta paso de contaros yo y prefiero que os cuente ella su experiencia. Creo que el poeta de mi marido ha relatado como una fotografía lo que es la realidad que estamos viviendo llevados ya ocho meses en estas tierras. Aunque como creo que ya nos habréis oído o mejor dicho leído en otras cartas que esta experiencia, los olores, colores, sabores, pensares... es algo muy muy difícil de transmitir, ni aún viendo un video te haces idea de la realidad, así que aprovecho para volver a insistir en lo que decía Claudio de que os acerquéis por estas tierras, tenéis la excusa y la posibilidad de tenernos a nosotros aquí. Es cierto que estamos contentos; seguimos con los ojos y oídos bien abiertos para poder comprender la forma de vida y la cultura de esta gente. Como ya sabéis ahora me dedico a la docencia y estoy aprendiendo mucho de los jóvenes, y de la realidad que viven. La verdad es que es una gozada poder conocer y sumergirte en otra cultura, en otros valores y contravalores, poder dar y recibir y llegar juntos a descubrir cual es lo fundamental, por que merece la pena dar la vida o luchar. Cuando vamos a la parroquia nos acordamos mucho de verdad de Parque Alameda (nuestro barrio de Valladolid), de todos vosotros y como también estamos en el mismo barco de crear y dar vida a una parroquia nueva. Sabemos que ya habéis crecido mucho y que a la vez se sigue manteniendo esa experiencia de pequeña comunidad en la que uno se siente protagonista. Sentimos una especial cercanía, por los años compartidos, por las historias vividas, de manera que es verdad que hoy la parroquia de San Francisco de Asís (Senkata) y el Beato (Parque Alameda) son de alguna manera parroquias hermanas, a pesar de lo mucho que se diferencian. ¡Qué bonito sería poder ofrecer una experiencia solidaria a gente de la parroquia, sobre todo a gente joven, en agradecimiento a lo que nos estais aportando! Pensaroslo y cualquier cosa podemos preparar con tiempo... Esperamos ser capaces de transmitir esa experiencia aquí en Senkata a esta gentecilla. Bueno ya nos despedimos y esperamos que sintáis a este pueblo un poquito más cerca. Merche, Claudio, Lucía, Ana y Marcos |