Una vida desde El Alto

  Capítulo XII, Octubre 2004

Queridos amigos:

¡Cuánto tiempo sin escribir estas “cartitas” que no se si les aburren, pero para nosotros nos sirven de reflexión y desahogo...!

Nos imaginamos que ustedes están empezando el ciclo de otoño-inicio laboral-vuelta al cole “con el corte inglés”. Y nosotros iniciando el ciclo de verano-preparación de “vacaciones”-fin de curso. Como siempre decimos, esto es otro mundo, y también en el cambio de estaciones se nota que esto es diferente...

¡Ya llevamos un año acá! Parece que fue ayer cuando, asustaditos y cogiendo fuerte la mano de los niños, bajamos del avión y nos adentramos por estas calles que en aquel tiempo nos parecían inhóspitas (no es que hayan mejorado mucho, en el tema urbanístico, pero ya no parecen tan amenazadoras...)

Parece que fue ayer cuando, asustaditos y cogiendo fuerte la mano de los niños, bajamos del avión y nos adentramos por estas calles que en aquel tiempo nos parecían inhóspitas.

Y no nos podemos quejar, pues hemos tenido hartas (muchas) experiencias de acogida, de dureza y de asombros... Tiempo atrás yo me decía que, cuando llegara el año, me iba a sentar con tranquilidad y pensar qué hemos vivido durante este tiempo, que cosas llevamos hoy en el corazón que no traíamos, que rostros y que paisajes quedan especialmente pegados a la retina...

Hemos escrito varias veces que lo que más impresiona al llegar es la pobreza. Es verdad que no es esta la pobreza de África donde cada día muere gente y más gente de puro hambre, pero es una pobreza que, según dicen los que han “vivido y viajado” se ve especialmente dura. No sabemos si es el frío, la sequedad, la configuración de la ciudad y sus calles o el carácter del aymará, el caso es que todos dicen que es esta una pobreza dura. Los que han vivido “abajo” (los Andes es arriba, los valles y la selva es abajo) dicen que aquello es más fácil. El carácter del nicaragüense, del colombiano, del ecuatoriano, del brasileiro y la naturaleza que te acoge de otra manera, hace más fáciles las cosas. Acá no es tan fácil. Ya decía nuestro compañero Miguel Ángel (que vino a sustituir a Mariano un par de meses) que había pasado más frío y chupado más polvo que en su vida...

Mis tres sobrinos bolivianos

Los cooperantes, voluntarios, misioneros que estamos por estas tierras nos integramos en estas tierras como mejor podemos y sabemos. Se trata de aceptar este ambiente (natural y humano) intentando captar los elementos positivos, focalizar la mirada “en positivo” y, sobre todo, vivir con pocos juicios, juicios que se hacen facilones cuando tenemos la cabeza llena de cultura y formación, los pies cubiertos por buenos zapatos y el estómago lleno, aunque sea de papas...

Ha pasado un año y ya hemos hecho amigos, especialmente entre la colonia de los cooperantes. Y ya hemos despedido a bastante gente. Acá vienen muchos voluntarios a echar una mano durante un tiempito (meses, un año) con los que hemos conectado pero ya estamos terminando un ciclo y vamos despidiendo a la gente. Así que se van quedando los “permanentes”, los que han hecho una opción por unos cuantos años o por toda la vida.

Es con estos últimos, cuando hablamos, cuando nos queda una sensación agridulce. Es difícil de explicar para ustedes y es difícil de entender para nosotros, pero cuando a una persona se le pregunta que ha conseguido en estos 15 o 20 y te dice que nada... te queda una sensación como de... gilipollas. Pero si te lo dice contento y te dice que siente que volvería a gastar su vida en lo mismo te queda una sensación como de... súper-gilipollas. No se, tenemos que aprender que, más allá de lo que hagamos (que parece que no vale mucho y esperemos que no estropee mucho), hay que estar, ver, oír y callar (por lo menos los primeros treinta años).

Estar acá requiere, sobre todo, vivir con pocos juicios, juicios que se hacen facilones cuando tenemos la cabeza llena de cultura y formación, los pies cubiertos por buenos zapatos y el estómago lleno, aunque sea de papas...

Y esto que hemos expresado muchas veces en nuestras cartas, a la hora de la verdad es una tensión continua, porque se nos pide y casi exige que seamos nosotros los que gestionemos, a nuestro ritmo, los proyectos. Las autoridades se dan cuenta que tenemos una cabeza más racional –más cuadrada- (sin que sea esto mejor o peor), con mayor eficacia en la gestión y que no nos metemos la platita en el bolsillo. Si además de esto venimos con plata a través de proyectos, cooperación, etc. pues mejor que mejor. Y así, dejan el destino del país en manos de personas como nosotros, que venimos con buena intención, pero con una mentalidad, como no podía ser menos, europea.

Hay acá, en El Alto, un cura que lleva acá 20 años. Es toda una institución. Es una alemán ya muy viejito que se llama Obermaier que ha creado una superestructura social, además de haber construido la tira de iglesias, todas iguales, que no se para que valen ¡ya se podría haber gastado la plata en otras cosas!. Bueno, el caso es que es un alemán con una mentalidad prusiana que, a base de despotismo y un carácter dictatorial, ha levantado todo un sistema social para los pobres... pero sin ellos. Tiene sus escuelas, sus centros juveniles, sus comedores, sus postas de salud, todo lo que queráis (¡hasta un canal de TV!).

Siente España Sin embargo, creo que es de las personas que más daño está haciendo a este pueblo (y que conste que ha entregado su vida por este pueblo, a su estilo, hasta el final y que creo que su intención es totalmente bondadosa), pues, al final, lo que queda son obras (edificios) que, una vez más, ha construido el extranjero, ha gestionado el extranjero, ha dirigido el extranjero y de las que no se ha responsabilizado el boliviano.

Así, no es de extrañar que cuando pueden (o sea cuando están borrachos –cosa frecuente-) aprovechen para decir lo que sienten, pues en otros momentos no se atreven: ayer, al volver de buscar a los niños del cole un borrachín nos estuvo siguiendo (como podía, porque se caía del “pedo” que tenía) gritando “extranjeros, fuera”, o como esto otro que nos contaban unas monjas mexicanas que llevan 10 años gestionando un colegio público en una zona pobre (bueno, acá todo es pobre) cuando nos decían que la Junta Vecinal de la zona decía (sin que ellas supuestamente lo supieran) que, cuando montaran todo el colegio, las echarían para quedarse con el cole... El problema es que pasará como siempre.

Les pedimos a todos que luchen por este pueblo que lo necesita, por todos los pueblos de este jodido tercer mundo; que luchen formando, informando, denunciando al dios-consumo que nos está comiendo las entrañas

A principio de año se transfirió la gestión del Hospital Los Andes al servicio público tras un trabajo de años de Médicos sin fronteras – lo cual está, en principio, muy bien - y a los pocos meses ya se estaba buscando, desesperadamente, a otra ONG o iglesia o lo que fuera que se hiciera cargo de la gestión del hospital (hasta a nosotros nos han “tirado los tejos”) ante el desastre de la gestión. Así que, al final, nuevo fracaso sobre las espaldas de este pueblo que cuenta los fracasos por docenas y, de nuevo a pedir al extranjero que solucione (o sea, que de platita) para arreglar el asunto. Y de nuevo bajón de “autoestima patria”. Pero acá, los “malos” del asunto no me parece que sean los bolivianos. Se han creado tales relaciones de dependencia económica, política y psicológica (hemos ayudado a crear...) que las cosas están así, y es difícil que dejen de estar así... Esto es el subdesarrollo.

En estas estamos y procurando que los proyectos que pongamos en marcha ayuden a fortalecer, en vez de debilitar, se hagan con la gente y no por encima de la gente. Y esto no es fácil y seguro que meteremos (o estamos metiendo) la pata. Pero esto es un aprendizaje. Ya les contaremos dentro de treinta años...

Patio de tiendas en La Paz

Sin embargo, este país nos está transformando. La experiencia de poder compartir la vida con esta gente que, difícilmente y quizá por pura imposibilidad, va agradecer lo que se hace y que incluso te va a rechazar por hacer lo que haces, permite crecer en la actitud de hacer las cosas gratis. No podemos negar ninguno que hacemos mucho de lo que hacemos por pura autorrealización, por sentirnos útiles, por sentir que somos útiles y recibir (de una manera o de otra) el agradecimiento de los demás, de la sociedad, etc. (y esto no es malo, sino que es uno de los estímulos que, en el fondo, generan progreso)
Acá, con las normales dificultades, no estamos recibiendo este feed back de agradecimiento. Por lo que sólo quedan dos alternativas: o lo haces porque crees que para eso estás, por los otros, independientemente de que te lo agradezcan, o te largas. En estos días, nos reíamos en casa diciendo que como ya llevábamos un año acá ya nos podíamos largar a España sin hacer mucho el ridículo ni quedar mal del todo.

Es este un pueblo a la vez flojo (en su capacidad de trabajo organizado, eficiente, en su capacidad de planificación y de autocrítica) y a la vez duro y sufriente como pocos, especialmente las mujeres. Estamos estos días “celebrando” el año de los sucesos de octubre 2003 (Octubre Negro) donde murieron masacrados por el ejército muchos ciudadanos de El Alto. Un pueblo como éste nunca reacciona, excepto cuando lo hace. Y quizás reacciona de una manera violenta, “pagando justos por pecadores”, pero no le falta, ni mucho menos, razón. Un año después del levantamiento, los pobres siguen igual de pobres o más, los explotadores siguen explotando más y más, los culpables del genocidio de octubre siguen libres en sus chales del sur de La Paz o en Miami y en Senkata siguen las cosas igual... Seguimos pidiendo y gritando por el Juicio de Responsabilidades, donde los culpables paguen de alguna manera; pero... ¿qué se apuestan a que no se va a llegar a ese juicio...?

senkata

Hablando de Senkata, el otro día tuvimos jaleo. Una banda pagada por loteadores (son aquellos individuos que se hacen con las propiedades de las tierras para luego venderlas por lotes (parcelas) a los emigrantes del campo cuando llegan a la ciudad) se acercó por Senkata de madrugada para escarmentar a un grupo de personas que habían invadido tierras supuestamente propiedad del loteador-especulador (gran parte de Senkata se ha construido sobre invasiones de campesinos). Los campesinos les estaban esperando y se montó una balasera con resultado de dos muertos. Así que en esas estamos. En estas amplias tierras, los pobres tienen que pagar a los ricos para poder vivir, y así continúa la explotación que ha vivido el pueblo aymará desde que nació, hasta que explotan de forma violenta y se monta la marimorena.

Un inciso: en estos momentos Merche se va toda elegante a una recepción a casa del señor Embajador donde va a alternar con la alta sociedad de La Paz (el Sr. presidente, los ministros y embajadores varios). No hay duda: es este un mundo de contrastes. A una hora de distancia, bajando mil metros desde acá arriba hay un mundo de riqueza y de “pijerío” que no se pueden ustedes imaginar (por lo menos, yo no conocía en España este mundillo), pero eso ya se lo he contado en otra ocasión...

Diariamente, cuando uno pelea desde donde le ha tocado (en el Centro de Salud, en el centro de estudios) no sabe hasta donde “apretar”. ¿Son las cosas que hacemos fruto de nuestras pretensiones?, ¿Estamos trayendo acá nuevas formas de hacer que puedan luego ser transferidas y bien aprovechadas? ¿Estamos, por el contrario, proyectando nuestros deseos, los nuestros, sin tener en cuenta los ritmos de aquellos por los que estamos trabajando? ¿Estamos construyendo para mejorar lo que ya hay o estamos arrasando lo que existe para hacer lo que a nosotros nos va? Cada día nos lo preguntamos sabiendo que la respuesta no es fácil y que de todo hay en nuestro hacer.

Les recordamos que hace 40 años había un rico cada 30 pobres. En los años 90 los números se duplicaban: ya tocábamos a 60 pobres por rico. Hoy estamos en, más o menos, 80 pobres por rico; vamos “mejorando”.

Al final, lo más respetuoso con este pueblo ten necesitado de respeto es lo que hacemos cuando no hacemos nada. Cuando vamos a sus fiestas y lo pasamos bien (aunque no bebamos cerveza hasta reventar ¡¡¡hasta los alcoholes son importados!!!), cuando acudimos a las “entradas” y nos disfrazamos de guaranís (yo todavía no he podido –ya saben, las vergüenzas–, pero Merche ya se ha animado), cuando vamos en el microbús apretados con la gente sencilla de este pueblo al llevar a los niños al cole, cuando escribimos estas tocho-cartas que tratan de acercar lo que podemos ver y tocar en este tiempo a la gente que queremos...

Bueno, gentita maja y querida. Como ven no tenemos muchas novedades y ya las cosas pasan sin producirnos extrañeza, formando parte de la normalidad.

Les recordamos que hace 40 años había un rico cada treinta pobres. En los años noventa los números se duplicaban: ya tocábamos a sesenta pobres por rico. Hoy estamos en, más o menos, ochenta pobres por rico; vamos “mejorando”.

Y les pedimos a todos que luchen por este pueblo que lo necesita, que luchen por todos los pueblos de este jodido tercer mundo; a los que saben rezar, que recen y luchen (que no se conformen con lo primero) y a todos, que luchen, formando, informando, denunciando al dios-consumo que se nos está comiendo las entrañas (acá nos deja sin estómago y allá, a ustedes, les deja sin corazón). En especial, acuérdense de esto por favor en estas navidades que vienen. Que sean de verdad navidades solidarias sobre todo en nuestro hacer, no tanto –fíjense– en nuestro dar.

Nos despedimos. Les agradecemos especialmente a los que en este tiempo nos han escrito. ¡No saben lo que se agradece recibir noticias de allá! A la vez que pedimos perdón por no poder ser capaces de contestar individualmente a cada uno de ustedes.

Estas navidades las pasaremos en España, así que tendremos oportunidad de ver a tantos amigos que hemos dejado allá. A todos ustedes.

Cuídense y escríbanos.

Un abrazo: Merche, Claudio, Lucía, Ana y Marcos

Arroba  Si quieres estar al tanto de los correos desde El Alto, sólo tienes que suscribirte a la lista de correo o al feed RSS.