![]() Una vida desde El Alto Capítulo XVI, Junio 2005 Dice un principio científico que no hay observadores neutrales de ninguna experiencia; el Principio de Incertidumbre de Heisemberg nos recuerda que todo acercamiento a la realidad produce cambios en la misma y, digo yo, produce cambios en el propio observador (Principio de No Se Nada, No Entiendo Nada, Ni Entenderé Nada, o Principio de Doble Incertidumbre). ![]() Y es que estar inmerso en una realidad bastante jodida (fregada, diríamos acá) imposibilita acercamientos puramente intelectuales (lo que veo) y todo queda tamizado por lo emotivo, lo afectivo (lo que siento) y por los cambios que en mi genera esa realidad. Así que renuncio a toda interpretación absoluta, pero lejos de relativizar todas las “verdades”, insisto en intentar entender, aceptar, aportar desde donde “Dios me de a entender”. Lo primero que tenemos que reconocer es que es este un país tremendamente injusto. La injusticia está metida hasta el fondo de sus tuétanos. Acá, no es que haya injusticias; es que es estructuralmente injusto. La gran mayoría de la población es profundamente pobre, en muchos casos en niveles de miseria espectaculares (sobre todo la mayoría indígena –aymarás, quechuas y guaraníes) y la gran minoría es espectacularmente rica, sobre todo en términos comparativos. Esta pobreza, lejos de remediarse con recetas que se han vendido en todos estos años (estos quinientos años), se ha ido profundizando. Estamos – la mayoría empobrecida está – peor cada día. Las orientaciones económicas que buscan la explotación de los recursos nacionales con competitividad orientada a la exportación de los mismos con el supuesto crecimiento económico que debería, con el tiempo, desarrollar el país (o sea: aumentar los niveles adquisitivos de la mayoría, disminuir la inequidad y los índices de desnutrición, incrementar las coberturas vacunales, la escolarización, el acceso al agua potable y todas esas cosas que relacionamos con el “desarrollo”), esas políticas han, sin duda, fracasado, aunque algunos y otros discrepemos en el por que. ![]() La historia reciente comienza hace 30 años. La crisis del petróleo del año 73 genera unos excedentes monetarios importantes en los países productores de petróleo. Estos excedentes son colocados en instituciones financieras fundamentalmente privadas (o sea, bancos) que se encuentran de repente con un enorme capital que, por supuesto, hay que rentabilizar. En ese momento, los países latinoamericanos (y otros en vías de desarrollo o en vías de subdesarrollo) atravesaban una etapa de dictaduras militares o democracias ficticias que necesitaban urgentemente fondos para diferentes proyectos. La oferta estaba presente, la demanda también y, por lo tanto, sin excesivos requerimientos, empezaron a ingresar en las economías latinoamericanas millones de dólares a interés fluctuante. Las dictaduras pasaron haciendo lo que saben hacer: proyectos faraónicos no sostenibles, represión y evasión de capitales y así nos encontramos, al cabo de los años, con una deuda ingente, imposible de devolver y que fue siendo, cada vez más, una pesada losa en las ya depauperadas economías latinoamericanas. Ante esta sangrante situación, en nuestro país se fueron ofertando nuevos créditos, eso sí, ya condicionados a ciertas políticas de corte neoliberal que trataban de equilibrar balanzas, contener la insostenible inflación y el gasto público. Son las famosas políticas de ajuste estructural que proponía (exigía) el FMI para poder ser receptor de nuevas ayudas que pudieran, de alguna manera, dar respuesta a la deuda externa. En resumen se decía: ya que el estado es poco eficiente como gestor, vendamos todo el aparato estatal, privaticemos aquellos servicios públicos que no generan ingreso a las cuentas, así como las empresas propiedad del estado. Transformemos, en definitiva, al estado en una enorme hoja de contabilidad donde engordemos el “haber” y reduzcamos todo lo posible el “debe”. Así, la opción política va en la línea de vender, privatizar la sanidad y los servicios públicos, orientar la economía hacia la exportación y disminuir el gasto público. ![]() En Bolivia, este proceso se concretó en los años 80-90 en las leyes capitalizadoras del Presidente Sánchez de Losada (venta de empresas publicas de hidrocarburos, minería...) que empiezan a operar con ridículos impuestos (por ejemplo, COMSUR, la empresa minera del propio Sanchez de Losada exporta al año unos 300 millones de dólares para 2004 y tributa prácticamente nada, gracias a una legislación ultraconcesiva). Esto, por su puesto, se tradujo de forma inmediata en el cierre de las empresas poco eficientes (según la demanda internacional), en el empobrecimiento más generalizado aún de la población y el crecimiento de urbes jóvenes o cinturones de pobreza como El Alto. En todos estos años el proceso ha continuado, en el fondo, con la misma lógica. La condonación de parte de la deuda ha ido acompañado de condiciones de corte neoliberal enmarcados, eso sí, en Estrategias de Reducción de la Pobreza (nuestro Plan Bolivia) que, según muchos, no son más que un maquillaje solidario de propuestas que son más de lo mismo. No quiero, sin embargo, entrar en “discursos” donde la culpa de todas nuestras penas es de los otros, muy en boga hoy en el discurso político “progresista”. Las transnacionales, el FMI, el Banco Mundial, parecen los “diablillos” que nos roban todas nuestras riquezas y los culpables de todas nuestras desgracias y limitaciones y las de nuestros vecinos. Y aunque, sin duda, hay un fondo de verdad en todas estas denuncias, ¡como no!, no debemos olvidar que algunas de las recetas propuestas por el FMI no son intrínsecamente perversas y han permitido en algunos países del entorno controlar variables macroeconómicas que, sin duda, son necesarias para un sano crecimiento económico. ![]() Pero, ¿qué sabe mi vecina de todas estas cosas? Ella solo intuye, con la inmensa sabiduría de los empobrecidos, que las cosas no son como las pintan los políticos nacionales y extranjeros de turno. Ella sabe que, por mucho que diga Rodrigo Rato en su visita a Bolivia sobre la importancia de equilibrar la balanza, contener el gasto público, etc. estas cosas no le dan de comer. ¿Dónde se rompió el hilo que unía crecimiento económico y desarrollo de todos? ¿Por qué la mejoría económica de España se traduce más tarde o temprano en mayores cotas de bienestar (por lo menos para la mayoría) y acá no ocurre lo mismo? La clave es preguntarnos estas cosas para poder entender el discurso de sectores mayoritarios de la base, que dicen algo parecido a esto: “no estamos más interesados en estrategias de reducción de la pobreza porque estas estrategias, tal y como son concebidas aquí, y con el recetario que nos llega de afuera, van a significar que dentro de 20 ó 30 años tengamos eventualmente un poco menos de analfabetismo y estemos con mejores índices de vacunación, pero en ese plazo y en definitiva seguiremos siendo miserables, eventualmente vacunados y alfabetizados. Nuestra idea no es esa, nuestra idea es ser una nación, ser un Estado, ser un pueblo próspero, que utilice para sí sus riquezas y que obtenga bienestar con ellas”. La respuesta, quizá, es que el país ha estado viviendo una suerte de apartheid interno. Los grandes grupos sociales de trabajadores urbanos y rurales, de origen indígena-campesino y mestizo, han soportado, además de la miseria, una situación de desprecio y discriminación continua. ![]() Los grupos dominantes (es decir, los empresarios y la burguesía del país) altamente vinculados al mercado internacional y completamente encandilados con la idea de “modernizar” al país, en el sentido de convertirlo en un elemento subordinado a las demandas y presiones externas en términos financieros, económicos, tecnológicos y también culturales e ideológicos, han demostrado su ineptitud para conseguir crecimiento y desarrollo, incluso en condiciones externas favorables. Y hoy estamos viviendo la confrontación de estas dos visiones. Por un lado, la visión oligárquica, ha llegado a uno de sus grados de mayor debilidad; con su capacidad hegemónica; con sus aparatos institucionales desgastados hasta el punto de conducirlos al enfrentamiento declarado entre sí (y si no véase el conflicto permanente entre el poder ejecutivo y legislativo) y con una perdida de control de sus aparatos políticos e ideológicos. Por otro lado, el movimiento popular que se han ido reconformando en los últimos 30 años como producto de los cambios sociológicos ocurrido en este tiempo (intensos movimientos migratorios, informalización de las economías…) intentan por su parte formular un proyecto alternativo de Estado, de redistribución del poder con el objeto de llegar a una nueva forma de producir riqueza y de distribuirla. ![]() Pero, no nos engañemos; este movimiento social que se mueve empujado por la flagrante situación de miseria y hambre en el que viven las mayorías empobrecidas y hacia un horizonte de mayor equidad y justicia, está sembrando en su propio camino gérmenes de profunda injusticia; tendencias francamente reaccionarias se acompañan de actitudes sectarias, violentas, machistas, autoritarias, fruto de unas concepciones ancladas en la tradición con un estilo colectivista totalmente anacrónico. Los altavoces de las iglesias que nos rodean llaman casi todas las mañanas a la correspondiente marcha o bloqueo. Los eslóganes nos recuerdan lo que se pide: ¡por la nacionalización de los hidrocarburos, por la recuperación de nuestras riquezas, por la recuperación de la dignidad a través de le reformulación de la constitución! Y tras la propuesta utópica, tras el grito libertario, toda comunicación acaba con el estribillo final: ¡aquel que no acuda (a la manifestación, al bloqueo) será sancionado! La multa económica, la violencia a chicotazos (latigazos), la expulsión de la comunidad-barrio forman parte también de la revolución. Esta tarde Merche y yo hemos hecho una “excursión“por el barrio tratando de encontrar una bombona de gas. Nos hemos quedado sin las botellas de “reserva” y, ante la duda por la duración del conflicto, hemos tratado de renovar las reservas. No hemos encontrado. Yo me preguntaba como estarían superando este proceso la inmensa mayoría de las personas que viven acá al día. Al fin y al cabo, nosotros solo pretendíamos tener reservas. Pero… ¿y los demás? ¿Con que están cocinando? ¿Cómo se calientan en este invierno que ya se está acercando? ¿A quien estamos bloqueando? ![]() No nos extrañemos de todas estas historias. Ni nos sorprendamos de ciertas respuestas que se “salen de madre”. Cuando a nuestra olla a presión la calentamos horas y horas sin dar posibilidad a que exista una válvula de escape, esa olla acaba explotando y los destrozos que produzca en la cocina ya son imprevisibles. La respuesta del pueblo boliviano, del pueblo empobrecido, es a veces difícil de entender y otras veces, para mi, difícil de compartir. Pero no podemos poner ahora “el grito en el cielo” cuando hemos callado tanto tiempo mientras nuestra olla se calentaba, horas, días, años. La inmadurez política que, ahora tantas veces denunciamos, se gestó en el desprecio continuo vivido en el día a día, en tantos detalles de ninguneo o profundo racismo que han sufrido nuestros hermanos aymarás. Mañana cambiará el presidente de turno (y quiero aprovechar para decir bien claramente que este presidente es igual que otros en sus orientaciones económicas y se distingue claramente de otros en su ética y honradez, lo cual es mucho por estos lares), y vendrá otro que será más o menos igual (o peor, si prosperan ciertas intenciones indisimuladamente golpistas de la Central Obrera Boliviana). Nuestros hombres y mujeres seguirán su lucha diaria, que es menos revolucionaria que la vivida estos días y más lucha de supervivencia. Nuestras mujeres y hombres – sobre todo mujeres – seguirán peleando cada días para traer la comida a casa y nosotros seguiremos con nuestros proyectos que tratan de dar un poco de dignidad a vidas que, en su pobreza, derrochan dignidad. Y les contaremos a ustedes, en nuestras cartas, cómo lo vemos. Y así, contándonos y reflexionando juntos, construiremos otro mundo. Por que en esas estamos todos... ¿o no? Un abrazo Merche y Claudio |