Una vida desde El Alto

  Capítulo XVIII, Agosto 2005

Queridos amigos:

Por fin encuentro un momentito para sentarme y contaros algunas de las cosas que hemos visto, oído y vivido en este tiempo.

Un tiempo muy especial, es verdad. Creo que la última carta que les envié fue en los tiempos de los últimos conflictos sociales y políticos que vivimos allá por junio ¿no es así? Fue aquel un tiempo duro, es verdad, pero como todos los tiempos difíciles, no hay duda que han sido ciertamente “interesantes”. Pero de aquello ya les conté y no vamos a repetirnos...

Estamos acabando agosto y les suponemos a ustedes apurando los últimos días de las merecidas vacaciones. Pensando en el inicio del trabajo y en la “vuelta al cole con el Corte Inglés”. ¡Qué agobio! Nosotros, por nuestra parte hemos acabado el invierno y pronto empezaremos la estación de las lluvias, pero estamos en pleno curso. Estamos como si fuera febrero o marzo en España, para que se hagan una idea, así que las sensaciones son distintas...

Este invierno (julio y agosto) ha sido muy especial. Un montón de acontecimientos han llenado estos días y noticias nos van haciéndonos dar cuenta que estamos acabando una etapa y empezando una etapa nueva. Ya les cuento.

Lo primero, las visitas recibidas, que han sido más que visitas. Elvira, Paco y Gabi, Elvira y Rita han dejado entre nosotros y entre la gente con los que han compartido una huella bien profunda. Para nosotros el testimonio que han dado al dedicar sus “vacaciones” en venir a este rincón del mundo abandonado junto con sus hijos nos parece muy especial. Yo creo que han podido descubrir las potencias y los límites de este pueblo. Como son gente lanzada, no han desaprovechado el tiempo... Han podido conocer nuestras bellezas naturales, saltar de un árbol del chapare (amazonía boliviana), intimar con el Dios Inti Sol desde las cumbres de la Isla del Sol en el lago sagrado Titikaka, entrar en las profundidades de las minas del Potosí, viajar por la carretera de la muerte hacia los Yungas afrobolivianos, pasear por la señorial y colonial Sucre en unos fines de semana muy bien aprovechados. Pero han descubierto que Bolivia no es solo eso. La pobreza que impregna El Alto, las basuras en las calles, (esas que se notan al principio y luego se convive con ellas sin verlas...), los niños desnutridos y descuidados, los colegios sin medios...

En este tiempo también hemos disfrutado de nuestro amigo Roberto. ¿Qué decirles de su presencia entre nosotros? Para mi ha sido una gran alegría el descubrir que, pasado el tiempo, seguimos más o menos igual (o sea, que Roberto sigue igual de chulo y de capullo, je, je). Ha sido una verdadera gozada el poder compartir este tiempo. El que se nos haya podido transmitir la vida de tanta gente que recordamos de allá, lo que se ha metido en compartir con la gentita sencilla de Senkata, los aphtaphi que ha compartido, los chuños, yaguas, etc. que se ha zampado a la vez que comentaba... ¡como viven los misioneros!. De todas maneras, lo fundamental que queda es el haber podido compartir con él este tiempo y ver que el cariño, después de el tiempo pasado, sigue igual como si nos hubiéramos visto ayer.

Sin embargo, yo creo que lo principal con lo que se han quedado los tres, Elvira, Paco y Roberto, es con el recuerdo del “factor humano” en lo bueno y en lo malo. La extraordinaria acogida de este pueblo sufrido junto con la rabia escondida, a veces irracional, que sale en forma de discursos, de bloqueos, de rechazos. El deseo de cambio y la lucha por éste junto con la falta de iniciativa para modificar aspectos de su vida cotidiana que son perfectamente susceptibles de mejora. El querer recibir nuevas aportaciones de los de fuera y a la vez la dificultad de asumir exigencias en otros aspectos. En este momento recuerdo las tardes y las cenas comentando las incidencias de la jornada las ilusiones que mostraban, a la vez que las veces hemos renegado ante los retrasos, la informalidad en los compromisos adquiridos (¡Ánimo, Paco, que esto es así), los discursos manipuladores, la supuesta apatía, las carreteras bloqueadas por reivindicaciones o por desfiles, las “toneladas de bendiciones”, (Roberto, como él decía, se ha sentido todo un “brujo de la tribu”), las supuestas incongruencias entre las necesidades básicas insatisfechas y los dispendios en lo festivo... Ojalá descubran (estoy seguro que sí) que hay que aprender a amar a este pueblo por encima de sus debilidades, o lo que es más, por esas mismas debilidades. Que hay que, quizá, ponerse a veces una pequeña venda en los ojos para acoger incondicionalmente (y no quemarse) y que, muchas de las limitaciones que tan claras se ven, a veces son fruto de realidades externas a todos ellos. Y otras supuestas limitaciones son fruto más que nada de unas percepciones vitales en las que valoramos, por encima de todo, la eficacia (¿o es eficiencia, o efectividad?), la productividad, el hacer... (aunque hay cosas, como la ineficiencia en el traslado por el Estrecho de Tiquina que se las traen, ya os contará Roberto...) Por lo menos, ellos, con sus palabras y sus gestos, nos han ayudado a continuar por este camino de la aceptación sin condiciones de este pueblo querido.

Los próximos días nos vamos a nuestra nueva casa en Senkata. Un paso más, que como todos debe suponer mayor integración en esta realidad, en la parte de esta realidad a la que queremos incorporarnos.

Muchas gracias, Paco y Elvira, por embarcaros con nosotros en esta aventura, por vuestra apertura a estas “cosas raras”, por lo que nos habéis transmitido de vuestra vida, por los servicios prestados entre los colegios, centros de salud... ¡Ojalá sepamos dar continuidad a esta relación, sin paternalismos sino como intercambio en donde cada uno podemos ofrecer algo..., tal como decíamos. Gracias.

En este tiempo van a quedar recuerdos de Roberto... el cuidado de los niños, la atención a los jóvenes de Senkata, las misas con los niños, los bailes (ya veréis algunos los bailes), los paseos a explorar La Paz, los cuadros que van a quedar en casa y que van a ser presencia suya. Gracias, Roberto, gracias.

Los próximos días nos vamos a nuestra nueva casa en Senkata. Un paso más, que como todos debe suponer mayor integración en esta realidad, en la parte de esta realidad a la que queremos incorporarnos. La verdad es que algunas cosas vamos a ganar: una casa grande para poder acoger a nuestros amigos y familiares, espacios para poder reunirnos con la gente de este pueblo, ¡una bañera para poder bañar a los niños, agua caliente en los grifos! Sin embargo, ya os hemos contado de la dificultad y la pobreza de Senkata y sus gentes, lo que nos hace vivir este paso con cierto vértigo mezclado con ilusión y, por que no, con un poquito de miedo sobre que pasará. De todas maneras, todas las nuevas aventuras empiezan así y acaban como tienen que acabar...

Yo intuyo, personalmente, que Senkata va a ser un espacio que nos va a cambiar la vida. Poder integrar toda nuestra vida en este espacio privilegiado de pobres puede ser una verdadera bendición. Es verdad que hasta ahora hemos organizado nuestra vida, o gran parte de ella, en otros lugares de El Alto. Nuestros trabajos y compromisos asumidos, el cole de los niños están en zonas alejadas de Senkata y esto supone una gran dificultad en una ciudad con distancias tan enormes (recuerden que la zona que vamos a animar tiene de largo unos 7 u 8 kilómetros, sin contar los pueblos).
Así que, poco a poco, me parece que tendremos que ir centrándonos acá, en esta zona. A mi, por ejemplo, me ilusiona especialmente, después de estar unos añitos en el Centro de Salud Jesús Obrero y cuando esté más o menos montado en sus diferentes fases (ya estamos montando el área de hospitalización, quirófanos, etc., además de medicina tradicional, el proyecto de promoción un poquito más consistente y otras realidades interesantes), iniciar un proyecto básico de salud en Senkata, trabajando con promotores, creando redes, en el campo de la educación, de la nutrición, de la salubridad ambiental, de la violencia familiar y de género. Me doy cuenta que los gringos acá debemos movernos mucho, para evitar apropiarnos de los proyectos (que no son nuestros, son de este pueblo boliviano) y para dedicarnos a proponer, lanzar, empezar iniciativas que, sin son correctamente apropiadas (empoderadas, empowerment dicen los pijos) durarán y si no, se fastidiarán cuando nos vayamos nosotros (como tantas veces ha ocurrido en este mundillo), Así que, ya veremos...

Por cierto, ya estamos iniciando las obras de Utaxa (vamos, trabajando detalles sobre el plano). Utaxa va a ser un centro “para todo”, situado pegadito a nuestra casa, desde donde vamos a seguir trabajando todo nuestro “proyecto Senkata”. La educación de adultos, el apoyo y refuerzo escolar, el comedor infantil, los proyectos de salud (promoción, desnutrición, etc.), la biblioteca y ludoteca del barrio, el voluntariado... Todo va a realizarse desde Utaxa. Esperamos en este trimestre concluir las obras (a ritmo boliviano) y empezar a usar estos nuevos locales para poder dar un empujón al proyecto (que ya se está realizando en pequeñito y disperso por colegios, parroquias, etc.). Las administraciones de Castilla y León se han portado con nosotros de lujo. Nos han mimado. Toda la platita que nos va a permitir construir este complejo viene de la Junta de Castilla y León, del Ayuntamiento y la Diputación de Valladolid, de los salmantinos. La verdad es que Merche y yo estamos proponiendo, para picar a los vascos que también viven con nosotros, que llamemos al proyecto Utaxa Castilla. Pero hablando en serio, queremos agradecer a las administraciones (a las que tantas veces criticamos y no pocas veces con razón) la apuesta y la confianza que nos muestran para gestionar este proyecto. Ojalá lo sepamos hacer bien, o por lo menos no muy mal. ¡Viva Castilla comunera!

Ya me despido. Hoy es el cumpleaños de Ana ¡5 añazos! Cuando veo las fotos de nuestra llegada acá, veo lo que han cambiado los niños. (Marcos tenía recién cumplido el añito) y no puedo más que pensar que, realmente, vamos haciendo nuestra historia en esta Historia latinoamericana. Lo vivido acá no tiene vuelta atrás y va cambiando nuestras vidas a la vez que vemos crecer nuestros hijos en esta experiencia verdaderamente privilegiada.




Un abrazo enorme, Merche, Claudio, Lucía, Ana y Marcos

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