Una vida desde El Alto

  Capítulo XXI, Diciembre 2005

El sur también existe
Joan Manuel Serrat

De nuevo Navidad, final de año, principio de año... Un momento en el que nos encontramos, quizá, mas cerca de ustedes. Las tarjetas de felicitación, los deseos de prosperidad bien sinceros, se agradecen especialmente acá, en el sur.

Efectivamente, el Sur también existe. Es una constatación, no tanto una petición. Porque en este año (y ya habíamos empezado el año pasado con una luna de miel muy especial...) hemos tenido el privilegio de vivir y compartir, acá en El Alto, con no pocos amigos del Norte que se han hecho, en su estancia entre nosotros, amigos del Sur. Así que, no cabe duda... ¡El Sur también existe!

Es un enorme privilegio, no les quepa duda, poder recibirlos y disfrutar juntos la experiencia que tenemos la suerte de poder vivir. Se me vienen a la memoria ahora los rostros de ustedes, que nos han acompañado y uno no puede más que reconocer que todo aquel que nos visitó, acá se quedó, ya forma parte de esta historia.

¿Quién puso precio a la felicidad? ¿Quién es el que ha dicho que tiene que ser así? ¿Quién nos manda poner el acento en el comprar, vender y tener?

No sólo los que han venido físicamente han estado con nosotros. ¡Cuanta gente hemos mareado con peticiones, gritos de socorro, con opiniones, con solicitudes de ayuda...! La verdad es que la experiencia de sentirse necesitado de todos ustedes desencadena en uno la sensación de constituirse en familia, mucho más que si somos autosuficientes. Es también experiencia de este año, por lo tanto, el haber recibido el gesto solidario, en lo pequeño y en lo grande. Y no podemos hacer otra cosa que agradecerlo.

Gracias a todos ustedes cuando nos han escrito contándonos sus pequeñas-grandes aventuras. Re-descubrimos que formamos un solo mundo, que ya no hay primer o tercer mundo cuando constatamos que estamos todos en la misma batalla, cada uno desde su lugar. Y este es el germen de una verdadera globalización, de una buena globalización...

¿Y cuando empezó todo a tener un precio?...
León Gieco

“Escuchen” la canción de León Gieco:

niño ¿Y cuando empezó todo a tener un precio?...
tal vez cuando un necio a la luz se miró
y vio que a su lado despiadado el frío
sin techo ni abrigo otra vida cobró.
O fue cuando el hambre termino con Eva,
y le dijo "prueba" el reptil seductor.

Cuando un hombre debe más que lo que come,
se entiende que entonces la teoría falló
porque aferrada y gorda la ambición respira
en otra barriga, en otra mansión.

Seguimos subidos todos en un globo,
buscando acomodo sin poder bajar,
y nunca ha faltado quien le ponga el precio
al silencio, al tiempo, a la luz, a la paz,
al derecho ajeno y al respeto mismo,
a la piel, al vicio o a la libertad,
a la sinceridad, a la complacencia,
al mar, a la ciencia y hasta la verdad
y hasta la verdad.

Esas mismas cartas que nos alimentan nos hacen preguntarnos tantas cosas... Prácticamente todos, (o para no exagerar, muchos) estas navidades, a la vez que nos deseamos mutuamente felicidad, nos quejamos del ambiente consumista que están ustedes “sufriendo”. ¿Quién puso precio a la felicidad? ¿Quién es el que ha dicho que tiene que ser así? ¿Quién nos manda poner el acento en el comprar-vender-tener?

niño

Cuando veo las enormes filas de los niños de acá, esperando su regalito fruto de la “caridad” de los ricos de turno de por acá cerca, cuando me dicen que están esperando cinco, seis horas desde el amanecer para que les entreguen un juguetito de plasticucho que tantos niños de otros lugares despreciarían, y que esos son sus “reyes magos”, no puedo pensar más que “cuando un hombre debe más que lo que come, se entiende que entonces la teoría falló”. Algo falla acá y allá cuando vivimos en ese estado de insatisfacción. Y es que las cosas, aunque complejas ¡no cabe duda! creo, son más sencillas. Acá estómagos insatisfechos, decía yo en una ocasión. Allá corazones insatisfechos... y no se yo que es peor.

Algo falla acá y allá cuando vivimos en ese estado de insatisfacción.
Acá estómagos insatisfechos. Allá corazones insatisfechos...
y no se yo que es peor.

Estos días hemos tenido una sencilla experiencia, acá en Senkata. Durante una semana hemos realizado, con un grupo de 120 niños de seis a doce años, unas “colonias de verano”. Sería algo como lo que allá llaman ustedes “colonias urbanas”; se tienen unas actividades durante la mañana y por la tarde a casa. Empezábamos con un buen desayuno bien nutritivo, que falta les hace, para los niños y después a las actividades.

Entre las actividades, ha habido dos que les ha llamado más la atención (esto lo podría contar más Merche que ha estado organizando el asunto, porque yo sólo lo he visto como espectador). Un día se les llevó al cine; podéis estar seguros que para todos era la primera vez que iban al cine y para la inmensa mayoría, ni sabían lo que es eso. A todos les sonaba como una tele grande, pero tampoco se podían imaginar que esa tele era tan grande... Otro día fueron al Sur de La Paz a un parque ¡que tiene piscina! Más que una piscina es, la verdad, una bañera un poco grande, pero el éxito fue espectacular. No se si se pueden ustedes imaginar lo que es meter 120 niños que nunca han estado en una piscina en una bañera grande, pero “la cosa se las trae”.

A lo que vamos: poco es necesario para “disfrutar de verdad”. Aunque suene a tópico, yo no he visto disfrutar allá en Europa, a ningún niño (incluidos los míos, claro) como veo disfrutar acá con tan poco. Hemos “puesto precio alto” a nuestras satisfacciones, y parece que nos gusta endeudarnos en compras que nunca vamos a poder pagar...

Siento que el viejo cuento aquel
no tendrá el final que imaginé.

La Oreja de Van Gogh

Una anécdota de hoy mismo:

Como actividad final de las colonias infantiles se propuso realizar una chocolatada para los niños que asistieron, abierta a los hermanitos, amigos, familiares, etc. Así que preparamos el chocolate, los panes y en la calle invitamos a todo el barrio, hasta quinientos que es a lo que nos llegaba el presupuesto.

niño

A mitad de “reparto” yo veo que las mamás se acercan a Merche y me dice que todas preguntan si no tenemos juguetes para los niños, si no se va a “regalar” nada. La respuesta estaba preparada: miren, señoras; hemos pensado que era mejor “regalar” a los niños unas vacaciones, unas colonias donde disfrutaran, se relacionaran, aprendieran... Es por eso que no tenemos juguetes; nuestro “regalo” han sido las colonias. Y así, las mamás se fueron “más o menos” convencidas...

Al ratito vemos llegar tres autos cargados de jóvenes y juguetes. Y se nos acercan estos jóvenes del sur de La Paz informándonos que vienen a repartir juguetes a los “niños pobres” de Senkata, ¡sin avisar previamente, sin coordinarse con nadie! Evidentemente, la estampida de los niños a por los juguetes fue espectacular, incluidos nuestros hijos.

Los jóvenes alteños, que han trabajado con nosotros en las colonias durante toda la semana, dejando incluso de trabajar (téngase en cuenta que para ellos era bien necesario trabajar en las vacaciones para poder pagarse los estudios, por ejemplo) se “bajonearon” al darse cuenta que los niños valoraban más el regalo físico de unos extraños que el trabajo esforzado de su propia gente, y que nos habíamos quedado con el chocolate preparado con tanta ilusión en la cazuela enfriándose.
Una vez más, la “cooperación exterior” (aunque en este caso no sea internacional), nos ha “jodido” el desarrollo. Una vez más, hemos valorado más lo que viene de fuera, disfrazado de “plata” y nos hemos quedado con cara de bobos con nuestro pequeño proyecto, con nuestro chocolate.
niño Y el año que viene vendrán de nuevo las mamás a pedir juguetes (o lo que sea) al Papa Noel del Norte (en este caso del Sur de La Paz), y nosotros diremos que no, que lo que hay que hacer es estar, compartir, educar, disfrutar con lo que tenemos sencillo, crecer desde lo que somos y no desde lo que nos dan, y casi las “convenceremos”, y entonces vendrán en sus extraordinarios autos y todos desaparecerán a “pedir sus juguetes”

Cuando ellos se vayan, satisfechos con su caridad con los indios de El Alto, nosotros, y los jóvenes colaboradores, y los “indios” nos quedaremos acá, desperdiciando y no valorando lo que habíamos sido capaces de construir sin pedir, habiendo dado, quizá, un paso atrás en nuestro desarrollo, pero con juguetes...

Habrá que creer, habrá que creer, en Cristo, en la paz o en Fidel.
Habrá que creer, habrá que creer, en algo o en alguien, tal vez.

Alejandro Filio

Ya se que esta anécdota es una tontería, pero me parece a mi que es una verdadera metáfora de nuestra misión. La tarea que hemos tenido que hacer hoy ha sido trabajar con nuestros jóvenes para que, a pesar de su “fracaso”, crean que ellos valen, y quizá valen más que los que “tienen”. Y para hacer creer, tenemos nosotros primero que creer que es posible. Ya lo dice Alejandro Filio “en Cristo, en la paz o en Fidel”, lo que quieran, pero tenemos que creer allá y acá.

Aunque suene a tópico, yo no he visto disfrutar allá en Europa, a ningún niño (incluidos los míos, claro) como veo disfrutar acá con tan poco.

Les escribía a ustedes en una de las cartas que he mandado en este tiempo:

“Detrás de cada uno de nuestros proyectos se esconde una promesa. Todo lo que queremos hacer y vivir acá se hace al hilo de esa promesa, ese mostrar, medio a oscuras quizá, lo que no está al alcance de la mano pero por lo que queremos vivir y morir. Aquello por lo que alguna vez luchamos, aquello con lo que soñamos ¿recordáis? El Alto está lleno de promesas, está lleno de gestos y luchas cotidianas que nos llevan más allá, que sacan a los hombres y mujeres de esta tierra de su duro ahora a otro futuro posible. Tenemos tanto que aprender... Tenemos tantas promesas que recordar y recuperar, tenemos tanto que mirar y contemplar de este pueblo y después, cuando hayamos aprendido, tanto que hacer... Sólo así podremos mantener la esperanza de que aquello por lo que luchamos, aquello por lo que dejamos nuestra tierra y nuestra gente, adquirirá sentido nuevo. ¡A todos los amigos con los que hemos luchado en estos años les volvemos a decir: aquello con lo que soñamos es posible!

niño

Tras este tiempo, si algo hemos aprendido es que nuestros actos serán buenos para este pueblo en tanto en cuanto la promesa que ofertamos sea creída primero por nosotros para ser creíble. El cuento no tendrá el final que imaginamos, no es ésta una historia de final feliz en la que la princesa se casa con el príncipe y tiene una princesita que se llama Leonor... pero si creemos, la promesa se hace verdad, aunque tenga otro final. Y esta es la paradójica verdad que vivimos acá, en nuestro caso sostenidos por una creencia-fe y que compartimos con esta gente que nos da lecciones de esperanza... a pesar de todo.

Las últimas elecciones han creado expectativas grandes en tanta gente... Ya saben lo críticos que hemos sido en nuestras cartas en ocasiones con algunos movimientos sociales, pero hoy no podemos más que alegrarnos con el pueblo por este cambio. La verdad es que tengo fundadas dudas sobre la competencia técnica de los nuevos gobernantes, pero ¡ya era hora que la gran mayoría sintiera que son ellos los que llevan las riendas de su país! Porque, sin duda, hemos vivido y vivimos en Bolivia una suerte de apartheid interno. Los grandes grupos sociales de origen indígena-campesino y mestizo, han soportado, además de la miseria, una situación de desprecio y discriminación continua. Siempre en toda su historia el poder político, económico y social ha estado en manos del 10% de blancos frente al 90% de mestizos e indios. Hoy, por primera vez, el poder político queda en manos de las mayorías empobrecidas, aunque no cabe duda que el resto de los “poderes” siguen donde siempre. Ojalá estos nuevos gobernantes hagan suya en el trabajo diario las palabras sabias de la familia aymará: ama sua, ama quella, ama llula, ama llunk’u. No seas ladrón, no seas flojo, no seas mentiroso, no seas servil.

Y ojala sepamos desde los “países desarrollados” acompañar este proceso de dignificación de un pueblo y no hagamos como la COPE (pocas veces me he sentido más avergonzado de ser español y más humillado como boliviano “postizo” que en estos días) –lean periódicos de la semana pasada para ponerse al día- y mantengamos el apoyo (y no me refiero al asistencialismo) aunque “nuestras empresas” ganen menos dinerito sacando gas de este subsuelo.

Queridos amigos de España (y algunito de otros países). Reciban un abrazo desde estas tierras. Les podemos decir que, cuando contemplamos la pobreza de nuestra gente, el desear prosperidad (o sea, que prosperemos todos) se entiende de otra manera. Y ese es nuestro deseo de verdad: les deseamos prosperidad, quizá no tanto económica, un auto nuevo o el adosado y esas cosas, sino que prospere su corazón y su solidaridad. Y el agradecimiento por su cercanía en este tiempo, que es una de las cosas que nos hace tener certeza en la promesa que, de parte de ustedes, tratamos de transmitir a este pueblo hermano.

Un abrazo: Merche y Claudio

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