Una vida desde El Alto

  Capítulo XXX, Septiembre 2006

Hola a todos!

De nuevo después del fin de semana, que ha sido agotador, pero ha estado fenomenal.

Los niños de Senkata, a pesar de su situación, sonríen todo el tiempo y son muy cariñosos, y nosotros nos quejamos a veces por tan poca cosa...

La semana pasada estuve en Senkata 79, haciendo levantamientos censales, que consiste en ir por las casas de la zona visitando a las familias, preguntando cuantos viven, si están sanos, y se les habla sobre algún tema de salud, como las diarreas, neumonia, anticoncepcion, etc. Ha sido muy interesante y toda una manera distinta de hacer medicina, que consiste en llevársela al paciente ya que ellos no van a los centros de salud. Me ha gustado mucho la experiencia y el enfermero con el que he ido es muy majo, y me ha invitado a una fiesta el próximo viernes. Aquí todos se desviven con nosotros, les parece increíble que dos gringas se hayan venido hasta acá para conocer su sistema de salud. Y ya véis, nosotras alucinando con todo lo que se hace aquí.

Esto me ha permitido entrar en mi primera casa de senkata, y eso de casa tiene poco: es tan solo una habitación con techo y allí metida la cocina y un par de camas para el matrimonio y los hijos. Por supuesto, de cuarto de bano, nada de nada.

Montaña de Bolivia

Y el domingo fuimos a la MONTAÑA y con la familia de Claudio. Estuvimos en el Condoriri (creo que un 5.300), se llama así porque tiene la pinta de un condor despegando. No hicimos cima pero poco nos faltó, sobre todo por el hielo y la estupenda excusa de que íbamos con niños, ya saben como es eso: los adultos agotados y los niños todavía con energía, pero vamos, que no se podía seguir subiendo porque íbamos con niños.
Los niños se lo pasaron fenomenal y nosotras también, muy divertido, un paisaje excepcional y vimos nuestras primeras llamas de cerquita.

Pero aún en un paisaje tan bello, volvimos a sentir la pobreza que hay acá. Cerca del inicio de la subida a la montaña había una casita perdida con una familia que vivía allí, por supuesto nada de luz, ni de agua, y con un hambre atroz, así que repartimos con ellos nuestro chocolate y les dejamos una tortilla. Teníais que haber visto cómo los niños devoraron los bocadillos en un momento.
Pero tambien compartimos alegrías con ellos porque yo llevé mis cariocas (unos malabares para los poco entendidos) y la niñita aymara se puso a jugar con ellos, ¡y se lo pasó estupendamente! A las niñas de Claudio también les gustaron mucho las cariocas y ya las voy enseñando poco a poco. Aunque ahora que lo pienso, la verdad es que están siendo todo un éxito, porque hoy a los niños de Utaxa les ha parecido alucinante y ya empecé con las primeras clases en el recreo y me esperan el miercoles para la segunda lección. Son una pasada de críos, a pesar de todo lo que tienen encima son felices, sonríen todo el tiempo y son muy cariñosos, y nosotros nos quejamos a veces por tan poca cosa...

Me despido un besazo a todos,

Olga

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