Una vida desde El Alto

  Capítulo XXXIV, Septiembre 2006

Hola, aquí estamos de vuelta y el viaje ha sido una verdadera pasada.

Nuestros compañeros de viaje fueron dos brasileños y dos canadienses, así que ya véis, tocó practicar idiomas, por supuesto con los brasileños fue mucho más fácil y además eran más majos porque los canadienses eran un poco sosos. Bueno así empezamos el tour los seis en el jeep, junto con el conductor-guía y una cocinera. Una cosa curiosa es que todos éramos personal relacionado con la salud, los brasileños eran farmacéuticos y los canadienses técnicos de rayos, así que ya véis, ni de vacaciones nos libramos de temas médicos.

Salar de Uyuni

El primer día visitamos el salar de Uyuni: increible, una extensión enorme llena de sal, vamos que parece nieve

Después de esto nos llevaron al pueblo, donde nos alojaron a las 5 de la tarde!!, y claro, no nos íbamos a quedar en el alojamiento, que como os imagináis son muy cutres. Pues allá que nos fuimos a la aventura, a ver el pueblo que tiene 4 casas pero nos topamos con un pequeño museo. Allí nos recibió una niñita de unos 6-7 años, trabajaba vendiendo entradas, y nos comentó que había un cementerio de momias un poco más arriba, así que allá nos fuimos pensando que sólo estararían las tumbas... pues no, en cada tumba había una momia, vamos daba un miedo asomarse... pero fue muy interesante, además allí conocimos a un español muy simpático de Madrid, que es periodista y trabaja escribiendo para El Corte Inglés. Es gracioso conocer a gente que va en otro jeep porque te los encuentras luego en las distintas paradas y vas charlando poco a poco.

Laguna colorada en el salar de Uyuni

El pueblo este estaba en medio del desierto, lleno de casas hechas con adobe, la mayoría sin agua corriente y todo el pueblo sin luz, sí: sin luz eléctrica, a no ser que tengas un generador, porque resulta que el pueblo tenía un gran generador para todos, pero claro, estaba prohibido enchufar planchas y similares porque bajaba la tensión, pues todo el mundo lo hacía, así que el pueblo decidió castigarse y ya no ponen el generador, ¿gracioso no?

También conocimos a un auditor de salud que regentaba un hotel de medio lujo allí en el pueblo. Una historia que nos contó es que esa zona es muy pobre pero, como pasa en la mayoría de los sitios acá, pero en realidad es muy rica porque hay una inmensa mina de plata. Pero lo que ocurrió es que como Bolivia no tiene plata (dinero) para explotarla, se la han quedado unos canadienses a cambio de construírles un nuevo pueblo: han mejorado las carreteras y han puesto electricidad al pueblo donde estaba la mina. Así que hay una pedazo mina y planta de explotación con las últimas novedades, incluso tienen aeropuerto, pero los pueblos de al lado siguen sin energía eléctrica, ni agua, y encima tan contentos porque les han asfaltado unas cuantas carreteras... y mientras los canadienses forrándose, ¡que injusto!

Laguna verde en el salar de Uyuni

Al día siguiente nos tocó ver las lagunas llenas de flamencos y la laguna colorada. También vimos el "árbol de piedra", una cosa muy curiosa porque en medio del desierto alguien debió colocar allí esas piedras porque si no, no se sabe de donde han salido, y como no, otra vez al alojamiento antes de las 5, pero aquí ni pueblo había, tan solo grandes barracones.

Y ya para terminar decir que el tercer día vimos los geisers, unas aguas termales (pena que no llevamos el bañador), un valle de rocas (otra vez el fulano que deja rocas en medio del desierto :), la laguna verde (tan bonita como la colorada) y un cementerio de trenes (!!). Así, vuelta a Uyuni y fin del tour.

Ya les dejo de tanto rollo, pero es que el viaje ha estado muy bien y hemos conocido un montón de gente interesante, así que un besazo para todos.

Olga

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