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Vitoria-Gasteiz, a 24 de Mayo de 1997 Amigo Silvio: Cometo la osadía de llamarte amigo, porque no es amigo el que uno adopta, sino el que se ofrece como tal, y yo me ofrezco, así, de forma desinteresada, quizá imprudentemente, como si te conociera de toda la vida. Escribo esta carta, que adjunto al cancionero, como el prólogo que creo que toda obra debe tener. En esta ocasión no sé si te estoy pidiendo disculpas anticipadas por la profanación de tu obra o se trata del reflejo sobre el papel de mis vagas esperanzas de que esto llegue a ti, o quizá ambas cosas a la vez. Yo no sé si las canciones del trovador y las poesías del poeta son su seña de identidad o simplemente ilusiones de su divagadora mente, lo que si sé es que pueden llegar a ser la seña y el camino a seguir de quien las escucha, lo cual las convierte en un arma poderosa. Tu obra, amigo Silvio, me ha inundado hasta el punto de encontrar en tus letras respuesta a todas las preguntas y en tu música consuelo a todos los males. En tus canciones se esconde todo lo que he vivido y todo lo que alguna vez he soñado vivir. A veces pienso que sería posible vivir tan solo respirando tus canciones pero entonces me doy cuenta de que, desgraciadamente, hay otras cosas y que hay que cumplir con las obligaciones que nos permiten no morir aunque no nos aporten ni un gramo de vida. De la misma forma me doy cuenta de que hay personas a las que le tienen sin cuidado estas cosas y dejan pasar su vida sin detenerse a disfrutarla ni un solo instante. Varias razones me han impulsado a recopilar este cancionero. Una como he dicho anteriormente es la ilusión de que le ayude a alguien a disfrutar tanto como a mi, de esta forma intento poner mi grano de arena en la difusión de tu obra. Otra de las razones es mi amor a la guitarra, compañera fiel que cobra vida propia cuando canta tus canciones. A fuerza de ser la “oveja negra” en cuanto a gustos musicales de entre mis amigos y mi entorno he podido observar que mucha gente no aprecia tus canciones porque no se para a escucharlas o quizá porque no las lee. Este es otro de los motivos por el cual he llevado a cabo la realización de este cancionero. Creo que es interesante que la gente que no disponga de una guitarra o no sepa hacerla cantar lea este trabajo como un cuaderno de poesía, de fábulas, cuentos o como desee llamarlo y se de cuenta de que tus letras y tu música se unen de forma tan bella porque son bellas por si mismas y son capaces de existir por separado. De esta forma, aun repleto de imprecisiones y errores, y tras unas cuantas horas de trabajo siempre inconcluso, he parido este cancionero, y de esta forma me despido, a la espera de conocerte y dándote las gracias por todo, atentamente, un amigo:
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